Barreras salvavidas
Surgen nuevas tecnologías para evitar el choque con animales. Las carreteras españolas se cobran cada año no menos de 50 muertes en accidentes provocados por animales, y las compañías de seguros estiman en 10.000 los siniestros por esta causa. Estos datos, unidos a la incalculable mortandad de fauna, han hecho que las administraciones públicas comiencen a ensayar medidas revolucionarias que alejen a los corzos, jabalíes, perros y demás animales de los territorios del coche. Olores disuasorios, luces intimidatorias o barreras verdes son algunas de las medidas sorprendentes que se prueban con éxito en nuestras carreteras.
La Comisión Europea y diferentes entidades del continente están realizando un estudio sobre el impacto del transporte y las vías de comunicación en las poblaciones animales, así como de las soluciones más seguras para las personas y la fauna. De todos los sistemas estudiados, el que parece gustar más, de momento, a los técnicos por su simplicidad y eficacia son las denominadas “barreras de olor”. Una empresa española, Ipnatur, está probando con éxito en varias provincias este sistema diseñado en Alemania, donde se comercializa desde comienzos de los años 90. Este curioso invento trata de ahuyentar a los animales silvestres de los coches esparciendo el olor sintético de sus enemigos naturales, concretamente, feromonas de oso, lobo y hombre. El sistema es hoy el método antiatropellos más utilizado en las carreteras europeas y, según sus promotores, se ha conseguido reducir en un 76% los accidentes con ciervos, corzos, jabalíes y otros ungulados, además de zorros, jinetas y pequeños mamíferos.
ipnatur ha instalado ‘barreras de olor’ en diversas carreteras, como la temible Nacional 111 –bordeada por numerosos cotos de caza y con muchos accidentes viarios con animales en su currículum–, el Parque Natural de Valsaín, en Segovia; Banyoles y el Parque Natural de Aiguamolls de L’Empordà, en Girona; Rajadell, en Barcelona; Palacios de Sanabria, en Zamora; la Nacional 525, en Ourense, o Cedeira, en A Coruña.
Más sencilla aún es la instalación de unos ingeniosos prismas reflectantes de vidrio que desvían la luz de los faros hacia el interior del monte, algo que, como mínimo, inmoviliza a los animales salvajes y los disuade de pisar la calzada. Estos prismas, inventados también en Alemania, están siendo probados en diversos puntos negros de Cataluña, Castilla y León, Galicia y Andalucía. Los reflectores se instalan sobre postes ya existentes en el margen de la carretera, pero sólo en aquellos puntos marcados como zonas de paso de animales. Actúan desde la caída del sol hasta el amanecer, es decir, en las horas en las que se produce, según Tráfico, el 70% de los choques con animales.
URL: http://www.larevistaintegral.com/?p=1311












