Cómo cultivar la biofilia
Para cuidar la salud con dosis de naturaleza vale lo mismo ir a un espacio natural bien conservado o un parque que traerse el verde a casa. Por Claudina Navarro y Manuel Núñez. Foto Helena Abellán
Reservar tiempo para la naturaleza: La agenda vital sana tendría que reservar espacios diarios –como una pausa a media mañana para pasear por un parque– para el contacto con los elementos naturales. Al final del día, deberíamos haber disfrutado de, por lo menos, una hora verde.
Llevarla a casa: Lo más usual es disfrutar de algunas plantas depuradoras de aire, bien adaptadas a los ambientes interiores, incluidos los dormitorios. Otras opciones son instalar un acuario o crear una vitrina con una colección de conchas, piedras, hojas y flores secas.
Sentirla: Podemos tener en casa y en el trabajo diferentes objetos naturales que nos estimulen como piedras o musgo. El aroma de los aceites esenciales y de las flores o el sonido de una pequeña fuente de agua son otras posibilidades.
Aprender a descubrirla: Cuando paseamos, vale la pena observar con un poco de detalle. Incluso en la ciudad se pueden descubrir animales y plantas que nos habían pasado desapercibidos.
Experimentarla: Podemos acostumbrarnos a experimentar directamente lo orgánico al caminar descalzos sobre la hierba, la tierra mojada o la nieve, o al sentir la fruta que comemos.
LA MAGIA DE LA TIERRA
Por muchos estudios científicos que se hagan, siempre queda la sensación de que la naturaleza tiene algo inaprensible y que eso es precisamente lo que la hace más valiosa para la salud. Pero, ¿qué tiene de mágico la naturaleza?
El psicólogo carl Gustav Jung, fundador de la psicología analítica, se refirió a “la tierra nutriente del alma”.
Henry David Thoreau, autor de Walden, escribió que los seres humanos necesitan “el tónico de lo silvestre”.
El psiquiatra Wilhelm Reich creyó descubrir la energía orgónica y construyó cabinas terapéuticas a base de materiales
orgánicos.
A la energía sutil de la naturaleza, que no ha podido ser científicamente medida, los antiguos griegos la llamaron “pneuma”, mientras que para los hindúes es “prana“ y para los chinos, “chi”.
Según Lawrence Leger, parte de las molestias físicas y psíquicas que sentimos actualmente se explican por la falta de intensidad y variedad de estímulos naturales y que han sido reemplazados por elementos artificiales.
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