¿Quién cuida de los bienes comunes?
El mundo atraviesa un periodo de transición. La etapa del egoísmo irresponsable está quedando atrás con dolor, mientras organizaciones discretas pero eficaces trabajan por un modelo social organizado en torno a los “bienes comunes globales”.
Por Claudina Navarro y Manuel Núñez
La crisis financiera mundial que atravesamos ha dado lugar a declaraciones espectaculares por parte de políticos y analistas. Es el fin del capitalismo. Nada volverá a ser como antes. La culpa ha sido de la avaricia y la desregulación. Pero las palabras no vienen acompañadas de decisiones que indiquen un verdadero cambio de rumbo. Sin embargo, puede estar produciéndose. Lo impulsan personas y organizaciones discretas, que están diseñando el futuro y que apenas aparecen en los medios de comunicación. Sus actividades alimentan un lenguaje que poco a poco se filtra hacia la superficie: cada vez hablamos más de los intereses de la sociedad, y no sólo de los del individuo o la empresa, de la responsabilidad para con las generaciones futuras, de la necesidad de conservar la biodiversidad y de luchar contra el cambio climático mediante acuerdos internacionales, de recuperar los valores espirituales o de la fuerza del diálogo y la cooperación. La diferencia entre el pasado y el futuro que ya nace es la misma que separa a George W. Bush y Barack Obama, si concedemos a los presidentes de Estados Unidos el papel de estandartes de corrientes históricas profundas.
¿Qué es el procomún?
Antonio Lafuente, doctor en Ciencias Físicas e investigador del Instituto de Historia del Centro Superior de Investigaciones Científicas, define los bienes comunes o procomún como el conjunto de cosas “que son de todos y de nadie”. “Forman una comunidad de recursos –continúa– que debe ser activamente protegida y legada a las generaciones futuras. Está constituido por los dones de la naturaleza que hemos heredado, como el aire, la biodiversidad, la luz del Sol, la polinización o los fondos oceánicos. También está conformado por los bienes que hemos creado conjuntamente, hechos culturales como la lengua, el folclore, la ciencia, la gastronomía, las calles o el paisaje. Sin ellos, la vida simplemente no es posible”.
La defensa eficaz del procomún supone el reto político y cultural del siglo por la complejidad de las medidas a tomar a escala planetaria. Aunque los conceptos “bien común”, “interés general” o “procomún” forman parte del patrimonio cultural de la humanidad desde tiempos antiquísimos, la atmósfera, los océanos, las selvas y las culturas minoritarias no han dejado de ser atacadas o menospreciadas en nombre de los negocios, el progreso o la nación. La consecución del “máximo beneficio” era la letanía que todo lo justificaba en la última fase del capitalismo. Economistas y políticos se conjuraron en la defensa del comercio sin restricciones, sobre todo de productos financieros, como garantía del progreso y del desarrollo. La crisis económica, junto con la realidad del cambio climático, la extinción de especies, la pobreza y las guerras han provocado que a principios del siglo XXI surja la necesidad de un cambio profundo.
Manifiesto de Belem
Los participantes en el IX Foro Social Mundial que se celebró en Belem (Brasil) el pasado mes de enero firmaron un manifiesto que llama a los ciudadanos del mundo a que “participen en la lucha por la desprivatización y desmercantilización de los bienes comunes”. Las personas y organizaciones sociales deben “asumir el espíritu de cooperación, esencial para la vida humana, movilizarse para amplificar y alimentar la nueva conciencia que está emergiendo, y ofrecer apoyo a las organizaciones que defienden ríos, tierras, semillas, conocimientos, culturas, músicas y otrs formas de arte, educación, sanidad, dinero y sabidurías ancestrales”. “Los firmantes de este manifiesto –continúa– se comprometen a actuar con todas las fuerzas para recuperar, para el uso de todos los seres humanos, en corresponsabilidad y bajo control social, todos los bienes y servicios necesarios para la vida humana”. Estas ideas fueron suscritas por 5.808 organizaciones de 142 países y los cinco continentes.
La idea del bien común, aunque parezca tan sensata, no suscita consenso. Las organizaciones conservadoras la consideran como la nueva cara del comunismo. Afirman que contradice los principios de la sociedad plural y los sagrados derechos individuales. Según ellos, las personas tienen diferentes ideas sobre lo que vale la pena proteger, lo que es prioritario o lo que es necesario para la vida humana, y no es posibe ponerse de acuerdo sobre unos supuestos “bienes comunes”. Son argumentos ya conocidos, que se asocian al fracaso del pasado más que al futuro. El realidad, dentro del movimiento a favor del cambio conviven todo tipo de intereses. Entre las organizaciones que lo impulsan, algunas son bien conocidas por el público gracias a su aparición en los medios de comunicación; otras están formadas por ciudadanos de a pie que se movilizan por diferentes causas; y algunas cuentan con expertos y personalidades influyentes que se manejan entre los círculos del poder político y económico. Lo curioso es que todas estén ahora empujando en un mismo sentido.
Organizaciones por el cambio
El Club de Roma fue fundado por “un grupo de ciudadanos del mundo que compartían la preocupación por el futuro de la humanidad”, en el simbólico año de 1968, y se dio a conocer en 1972 con la publicación del informe Los límites del crecimiento, realizado por científicos del Massachusetts Institute of Technology (MIT, de Estados Unidos), denunciaba por primera vez que el desarrollo económico y el aumento de la población mundial podrían agotar los recursos naturales. El Club de Roma propuso como solución a los gobiernos y a la sociedad el “crecimiento cero”, concepto que está en el origen del “desarrollo sostenible”. La obra se tradujo a más de 40 idiomas y se difundieron más de 50 millones de copias de la misma.
En su declaración de principios, el Club de Roma afirma que “es posible evitar las actuales y previsibles catástrofes, cuando son el resultado del egoísmo humano o de equivocaciones incurridas en la forma de gobernar el mundo”. Las soluciones sólo pueden hallarse a través del análisis racional de los problemas, sin los prejuicios que imponenen las ideologías; del desarrollo de una conciencia mundial para afrontar conflictos planetarios; de una ética basada en la libertad, la igualdad, la justicia, la cooperación, el respeto de los derechos humanos; y del uso sostenible de los recursos naturales.
El Club de Roma, cuyo presidente de honor es el español Ricardo Díez-Hochleitner, espera alcanzar todos estos objetivos a través del compromiso de sus miembros, entre quienes se encuentran mandatarios, ex mandatarios y personalidades de cien países del mundo como Juan Carlos de Borbón, Javier Solana, Mijaíl Gorbachov y Wangari Maathai. Una de sus últimas iniciativas es Camino hacia Copenhage 2009, impulsada por el Club de Madrid, del que forman parte 64 ex jefes de gobierno y Estado. Se trata de un proyecto a través de internet para reforzar las conexiones que apoyen un acuerdo eficaz contra el cambio climático en Copenhage, donde se espera firmar el tratado que suceda al de Kyoto a partir del año 2012.
El movimiento por el decrecimiento, aunque comparte las principales conclusiones de Los límites del crecimiento, no tiene nada que ver con el elitismo del Club de Roma. De hecho, reúne ideas y proyectos desarrollados por personas de a pie y organizaciones sociales de base, cuyo objetivo es reducir progresivamente la producción económica, de manera que se llegue a establecer una nueva relación de equilibrio entre los seres humanos y entre éstos y la naturaleza.
Un buen número de entidades a favor del decrecimiento han adoptado como logo el caracol, en referencia a las palabras de Iván Illich sobre la “lógica del caracol”: la concha se construye a través de espirales cada vez más amplias, que a partir de un punto de inflexión comienzan a decrecer y a enroscarse sobre sí mismas. Afirman que ya no es posible conservar el bien común de la naturaleza si continuamos creciendo económicamente y consumiendo cada vez más.
El agotamiento de los recursos naturales (petróleo, gas, carbón…), la extinción de especies y el cambio climático son los síntomas evidentes de que hemos llegado al punto donde el cambio de rumbo es obligatorio si queremos conservar los bienes comunes. El reto es que todos vivamos mejor con menos. Los protagonistas del decrecimiento son los proyectos de escala reducida, que consiguen obtener la máxima eficiencia de los recursos naturales, y que se organizan con método cooperativos. A nivel intelectual se inspiran en Henry David Thoreau, Tolstoi, Ivan Illich, Gandhi, Vandana Shiva o el economista Serge Latouche.
Si bien los proyectos inspirados por el decrecimiento son reales, una de las características del movimiento es que utiliza internet para organizarse y expandirse. Francia es probablemente el país del mundo donde el decrecimiento ha conseguido más implantación. En España, el movimiento se extiende rápidamente y cuenta con varias webs de referencia como www.decreixement.net, en Cataluña, o www.decrecimiento.info
Coalición por los bienes comunes planetarios es otro proyecto internacional, nacido hace un año y de influencia creciente. La preside el príncipe de Jordania, Hassan bin Talal, y está compuesta por varias organizaciones que han abierto un amplio debate entre líderes, expertos y ciudadanos sobre los bienes comunes globales que ni los gobiernos ni las empresas pueden gestionar. “Si no se establecen una serie de principios y acuerdos, existe el riesgo de que las tensiones económicas y religiosas nos precipiten en una serie de conflictos bélicos”, según Hassan bin Talal.
El cambio climático, los recursos naturales, la pobreza, las reglas de la economía mundial y la posible creación de nuevas instituciones multilaterales son algunos de los temas que la coalición propone discutir de manera abierta a través de internet. A principios de 2010 se harán públicas unas conclusiones consensuadas que expresen “la opinión de la gente sobre los asuntos mundiales”.
La global commons foundation, con sede en San Franciso (Estados Unidos), pretende crear una alternativa al capitalismo imperante a partir de las organizaciones antihegemónicas que en los países empobrecidos desarrollan iniciativas creativas a favor de un futuro más justo y sostenible. Es decir, propone que las soluciones lleguen desde el Sur (Asia, África y América Latina), no desde el Norte (Europa, Estados Unidos y países de la costa del Pacífico), y para conocerlas organiza eventos, exhibiciones y publicaciones donde se den a conocer.
Para esta fundación, compuesta por profesionales universitarios, dedicados al activismo social y las artes, los bienes comunes planetarios más importantes son los espacios democráticos y accesibles al diálogo, el pensamiento y la acción. Su deficiencia lleva a las crisis, a menudo violentas, causadas por la agudización de las desigualdades, por las amenazas persistentes sobre el entorno natural y por la erosión continuada de la libertad, la dignidad, la salud, los conocimientos y el bienestar de los pueblos y de las personas.
Wiserearth (www.wiserearth.com) –un proyecto del Natural Capital Institute (NCI), organización “comprometida con la regeneración de la Tierra y con la curación de la cultura humana”, con sede en Estados Unidos– tiene por objetivo esencial servir de infraestructura virtual para el trabajo del millón de organizaciones que trabajan en todo el mundo a favor de la sostenibilidad, la justicia económica, la protección de los derechos humanos y la paz. Desde el año 2007, hasta ahora se ha creado en torno a WiserEarth una comunidad de 100.000 personas y se han creado nuevos proyectos de escala internacional en torno a los temas centrales de nuestra época: el cambio climático, la pobreza, la protección de la naturaleza, la paz, el agua, la justicia social o los derechos humanos.
En la web se halla el directorio de organizaciones no gubernamentales más extenso del planeta (110.000 en 243 países, territorios soberanos e islas). Unas 20.000 personas participan habitualmente en la comunidad virtual, realizando contactos, compartiendo recursos e imaginando soluciones a los problemas globales. Según el director del NCI, a través de WiserEarth se visualiza “el movimiento social más importante del mundo, que existe aunque pocos se estén dando cuenta”. No tiene nombre, líder, ideología, nación ni sede, pero puede poner en marcha una fuerza de 100 millones de personas en todo el mundo. España aparece representada en la base de datos con 1.534 entidades.
PLATONIQ es un grupo de profesionales, ductores culturales y desarrolladores de software con base en Barcelona desde el año 2001. Interesados por el conocimiento, la información y la cultura como herramientas del progreso, han creado un Banco Común de Conocimientos libres de propiedad intelectual. A partir del principio “saber cómo se hace algo puede cambiar radicalmente la vida”, proponen un intercambio libre de ideas y conocimientos, poniendo a disposición de todos la información que antes se transmitía en círculos reducidos y frecuentemente por interés económico.
“El desarrollo de espacios de circulación de información, fuera de los mecanismos habituales, es un proceso de creación de conocimiento colectivo que activa la interacción social, la desarrolla de un modo transdisciplinar e innovador y fomenta la cohesión social”, afirman. “A través de este conocimiento común –continúan– la sociedad se transforma generando nuevos valores, aumentando así su patrimonio y construyendo una sociedad “más sabia”. En la web del proyecto (www.bancocomun.org) se encuentran “cápsulas de información” con diferentes formatos (presentaciones, producciones de vídeo, emisiones radiofónicas, microtalleres…) y una agenda de actividades de dinamización social en centros culturales y sociales.
Worldchanging (www.worldchanging.com) quiere cambiar la forma de pensar sobre los problemas del mundo. Su creador, Alex Steffen, ha organizado una red mundial de periodistas, diseñadores e intelectuales independientes que dan a conocer las respuestas más creativas a los retos del siglo XXI. Pero no son grandes palabras, sino soluciones reales que ya se han puesto en práctica. A lo largo de cinco años, Worldchanging ha elaborado una base de datos con más de 8.500 artículos, llenos de ideas positivas sobre todo tipo de temas (producción industrial limpia, salud, energías renovables, conservación de la naturaleza, transportes, ocio…) que inspiran a todos los ciudadanos del mundo interesados en construir un futuro mejor.
El cambio forma parte de la naturaleza de las cosas y puede ser para bien o para mal, pero por una vez es posible que la sociedad se esté encaminando hacia una nueva forma de vivir juntos, presidida por el respeto, el conocimiento y la colaboración.
UNA NUEVA CULTURA
Antonio Lafuente, investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y autor del blog Tecnocidanos (weblogs.madrimasd.org/tecnocidanos) describe en su informe Laboratorio del procomún los retos que plantea el uso de las nuevas tecnologías de la información en la sociedad planetaria emergente.
La ciencia es de todos: No se trata sólo de divulgar los hallazgos realizados por los científicos, sino de que los ciudadanos participen en la creación del conocimiento. Es necesario porque muchos problemas de escala planetaria que afectan a los bienes comunes tienen implicaciones políticas y éticas. La ciencia en las manos exclusivas de los expertos a sueldo puede causar más dificultades que soluciones.
Equilibrio natural/artificial: La humanidad tiene que plantearse seriamente su relación con las máquinas, con la naturaleza y el propio cuerpo. Es tan necesario aprovechar los beneficios de lo artificial como reforzar el sentimento de pertenencia a la naturaleza.
Norte y sur: Las soluciones a los problemas globales no pueden venir sólo desde los los centros de poder y de investigación de los países más ricos. Desde el sur pueden llegar las propuestas más interesantes en el siglo XXI. Por ejemplo, las tradiciones africanas se han demostrado muy eficientes para la conservación de la biodiversidad y para favorecer la solidaridad.
Ciencia y política: Un problema complejo como el cambio climático ha puesto de relieve la capacidad de los políticos para manipular el debate científico. La sociedad civil debe velar por la participación de expertos independientes y por el respeto de las reglas democráticas en la toma de decisiones. Es necesario sacar los temas que tienen consecuencias sobre la vida de los ciudadanos del ámbito restringido de los laboratorios y hacerlos públicos.
NACE LA SEGUNDA SUPERPOTENCIA
Aunque no hay instituciones políticas democráticas que la representen, ya existe una sociedad civil de escala mundial que reacciona ante las situaciones de crisis.LA segunda superpotencia nació como concepto a partir de un artículo publicado en el año 2003 por el diario New York Times que describía la inesperada oposición de la ciudadanía mundial a la invasión ilegal de Irak por parte de Estados Unidos y sus aliados. Unos 30 millones de personas se manifestaron en diversas ciudades del mundo. Kofi Annan, secretario general de Naciones Unidas, hizo referencia en sus discursos a la existencia de las “dos superpotencias”. El poder de la nueva superpotencia no se basa en la fuerza de las armas, sino en el de la razón y la empatía.
Internet sirve para articular las acciones de la sociedad civil mundial. Los blogs y otros medios virtuales participativos favorecen la autoorganización y el desarrollo de valores compartidos entre personas de diferentes culturas. La búsqueda de la paz es una de sus principales motivaciones. Ante la actual crisis económica, la sociedad civil mundial pide regulación y ayuda para los desfavorecidos, no para los causantes del problema.
DE LA TIERRA A LA WIKIPEDIA
Son bienes comunes el aire, los océanos y la vida salvaje. También lo son los conocimientos y las creaciones artísticas, así como las iniciativas desarrolladas a partir de las posibilidades de las nuevas tecnologías de la información.
Conocimiento tradicional: La sabiduría tradicional acerca de las plantas medicinales o la agricultura son bienes que pertenecen a la humanidad y deben ser protegidos de las empresas que pretenden patentarlos y privatizarlos para obtener un beneficio económico (biopiratería).
Bienes apropiables: Son aquellos que pueden ser comprados y vendidos, como el petróleo, el suelo o las frecuencias de radio. La gestión de este tipo de recursos debiera realizarse de acuerdo con los intereses generales.
Propiedad intelectual: En Internet se ha popularizado las licencias “Copyleft” y “Creative Commons”, contrapuestas al “Copyright”. Tienen su origen en el movimiento a favor del software libre y se refieren al derecho a modificar y divulgar gratuitamente la obra intelectual. Son utilizadas en los proyectos de creación intelectual colectiva y voluntaria, como la Wikipedia (www.wikipedia.org).
COOPERACIÓN O INDIVIDUALISMO
Si se tuviera que elegir la diferencia más significativa entre la sociedad del futuro y la que nace en este siglo XXI sería la que hay entre el individualismo de la colaboración. Mientras el primero sostuvo la primacía de la propiedad privada, la cooperación reconoce y exalta los bienes comunes.
-Los vicios privados ya no son virtudes públicas, como afirmaba Bernard de Mandeville en La fábula de las abejas, obra escrita en 1714 y referencia del pensamiento liberal. La actual crisis financiera ha puesto de manifiesto que la avaricia puede causar graves problemas a todos.
-El control social de las actividades económicas y la responsabilidad colectiva se plantean como los valores del futuro. Pensar en el bienestar y las necesidades de los demás dará mejores resultados que el egoísmo.
-Los problemas complejos que afectan al planeta no pueden ser resueltos por una sola persona u organización. Hace falta inteligencia colectiva, trabajo en equipo y participación de todos los agentes implicados. Lo mismo puede decirse de la gestión de empresas o entidades de importancia social.
URL: http://www.larevistaintegral.com/?p=2498













La sociedad de consumo menosprecia los bienes comunes y los referencia como simples elementos de goce y lucro. Estos bienes imprescindibles para el hombre los podemos divir en dos grandes grupos: socio-formales y socio-ambientales. Los primeros están conformados por elementos determinantes de la convivencia: salud, educación, recreación, territorialidad, entre otros. Los segundos están conformados por elementos imprescindibles para la vida: flora, fauna, agua, aire, y los diversos conjuntos de ecosistemas que, en sí, son interdependientes y de los cuales el hombre es dependiente como lo son las otras especies animales.
¿Pero como ha actuado la actual sociedad, en forma global, frente a esos bienes comunes?
Podemos decir, en términos generales, que mercantilisándolos y explotándolos. Salvo excepciones, la educación y la salud en muchos países de corte capitalista son tratadas como vulgares mercancías.Las selvas tropicales son explotadas de múltiples formas y cada día se reducen más, incidiendo en la progresiva degradación ambiental del planeta; por ejemplo el gobierno de Brasil va a comenzar a vender la selva amazónica por hectáreas.
Un cordial saludo para todos.