Brezo: El pueblo de las landas
He recogido esta brizna de brezo.
El otoño está muerto, acuérdate.
No volveremos a vernos sobre la tierra. Aroma del tiempo. Ramita de brezo.
Y recuerda que yo te espero.
El adiós, Guillaume Apollinaire
Algunos brezos pueden alcanzar el porte arbóreo, otros apenas sobrepasan un palmo de altura. Entre las numerosas especies se dirÃa que existe una para cada lugar y situación. Terrenos pobres, salinos, calizos o silÃceos, pantanosos o áridos, frÃos o calientes, soleados o umbrÃos… Allá donde el bosque encuentra unas condiciones tan difÃciles que apenas puede establecerse, el brezal se asienta y facilita la regeneración del arbolado o se perpetúa en las regiones en las que el pastoreo y el fuego o los rigores del clima conforman las interminables landas, habitadas por aquellas matas y arbustos de resistencia extraordinaria. Por Ignacio Abella
Vastos páramos y colinas pobladas de túmulos, dólmenes y menhires en los que la vista otea hasta el infinito se visten con un manto pardo que una vez al año florece y se enciende con vivos colores. Son las landas, paisajes sobrios de horizontes interminables que se extienden por buena parte de Europa y encuentran en el brezo el común denominador que ha generado culturas y sustentado tribus a lo largo de siglos incontables. El brezal aportaba pastos especialmente apropiados para caballos, ovejas y cabras, pero también para numerosos herbÃvoros salvajes. Se podrÃa decir que el brezo proveÃa carne, leche y lana y suministraba de un modo u otro todo lo necesario para la subsistencia. Las ramitas finas se usaban como combustible de gran poder calorÃfico y las cepas, para fuegos de larga duración o para hacer carbón. Con ramas secas del grosor de un dedo se hacÃan también los gabuzos que, encendidos por una punta, conservaban largo tiempo la llama y servÃan para alumbrar.
Techados de cabañas, camastros de pastores, cierres, escobas y utensilios de todo tipo se fabrican también con brezo, y las abejas extraen de sus flores una deliciosa miel. La perdiz o el urogallo encuentran también recursos básicos para su supervivencia en el brezal.
La poesÃa y la literatura se han inspirado desde antiguo con el murmullo del viento en las landas y una riquÃsima mitologÃa ha surgido al calor de los fuegos de turba y de brezo. El encuentro de Macbeth con las brujas que han de revelarle su destino ocurre en mitad del brezal y el gran folclorista francés Paul Sébillot dedicó un libro entero a recopilar las leyendas, creencias y misterios de estos parajes. En ellos reinaba antiguamente Ureica, la diosa del Brezo gala, como una encarnación de la Tierra madre que brota y florece. Posiblemente esté relacionada con el mito irlandés de Garbh Ogh, una giganta sin edad que se alimentaba con leche de venado y pechugas de águilas y que cazaba ciervos monteses con una jaurÃa de 70 perros. Su leyenda cuenta que cuando iba a morir, recogió piedras para hacerse un triple túmulo, y sentada en una caverna de las montañas, en la estación en la que florece el brezo, expiró.
En el mito egipcio Osiris, dios de la Vegetación, le engaña su hermano Seth encerrándolo en un sarcófago que arroja al Nilo. Navega flotando hasta las costas de Fenicia, donde queda varado al pie de un brezo que crece milagrosamente hasta encerrar en su tronco el ataúd. Algunos de los más antiguos mitos de la humanidad parecen referirse a la cÃclica muerte de la vegetación que personifican Osiris y los héroes o dioses propios de cada cultura. Como sugiere Apollinaire en los versos con los que iniciábamos este artÃculo, el brezo es el sÃmbolo perfecto de la vida y de la muerte, con su follaje perenne, su floración llamativa y su regreso anual a un pardo sueño invernal. Pero, sobre todo, simboliza el recuerdo y el olvido que parecen entrelazarse en aquellos paisajes extrañamente bellos y palpitantes, a la par que desolados.
Remedios curativos
El habitante de las landas encuentra en el brezo incontables recursos para la supervivencia, pero también remedios medicinales que se extraen del propio arbusto. Con la brecina (Calluna vulgaris) se prepara un té de sabor muy agradable que puede tomarse a diario por simple placer. Además, tiene efectos diuréticos y depurativos y se ha utilizado para infecciones y enfermedades del aparato urinario. También se administraba en forma de baños contra el reuma. Para todo ello se recogen las sumidades floridas en verano, antes de que se abran las flores, y se dejan secar colgando los manojos a la sombra.
Encuentros al pie de los árboles: Calor en julio, castañas seguro
El refranero del castaño es extraordinariamente rico y atribuye a este mes la gestación de las castañas: “Entre Santiago y Santa Ana enxéndrase la castaña” (25 y 26 de julio). Al caer el dÃa, se riegan los árboles, especialmente los recién plantados y, al caer la luz, comienzan a encenderse las luciérnagas que se alimentan de caracoles y babosas y son, por tanto, excelentes aliadas del mundo vegetal. La contaminación lumÃnica creciente en los entornos humanizados afecta mucho a estos insectos cuyo reclamo sexual luminoso queda inutilizado.
Regreso al suelo
El proceso de descomposición de la madera que devuelve el árbol a la tierra haciéndola más viva y fértil, tiene lugar con el concurso de muchos actores. Hongos y bacterias son algunos de los más importantes. Pero justo en esta época podemos ver algunos de los más ocultos devoradores de lignina. Insectos como el ciervo volante o la maravillosa Rosalia alpina pasan gran parte de su vida en estado larvario, alimentándose de madera y salen con su caracterÃstica forma de insectos adultos para reproducirse y poner sus huevos de nuevo sobre troncos o árboles podridos. El ciervo volante, llamado en Asturias “sacagüeyos” o “vacalloria”, se consideraba en esta región amuleto infalible contra las mordeduras de las brujas que producen moratones.
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