Diez complementos para la buena salud
Aunque la alimentación sea equilibrada, hay órganos del cuerpo más sensibles a las agresiones del ritmo diario. Sin embargo, algunos complementos naturales nos ayudan a cuidarlos. Por Rosa guerrero
La dieta, el ejercicio y el equilibrio emocional son los pilares de una buena salud. Quien sepa mantener esos preceptos durante toda su vida es muy posible que no necesite mucho más para mantenerse en forma. Pero esa compleja máquina que es nuestro organismo está sometida diariamente a múltiples y variadas agresiones que ponen a prueba los mecanismos internos de adaptación. Poco a poco, los órganos más débiles empiezan a quejarse; a avisar de que los recursos propios son insuficientes, lo que nos lleva a recurrir a un profesional de la salud para que nos oriente sobre nuestras carencias y necesidades.En primer lugar, hemos de ser conscientes de que desde que nacemos somos víctimas de diversos factores que van mermando nuestra capacidad de respuesta, a lo que hay que añadir la desadaptación de ciertas partes del cuerpo a la vida actual. Pero, ¿cuáles son esos factores que propician el deterioro precoz de nuestros órganos y sistemas y provocan la aparición de las enfermedades?
Contaminación y metales pesados. Los cientos de sustancias tóxicas del medio ambiente aumentan la producción de citoquinas, que inciden en la aparición de procesos inflamatorios crónicos, trastornos inmunitarios e incluso cáncer.
Aditivos alimentarios. La sal, el vinagre o las especias son aditivos que se han empleado durante siglos para conservar los alimentos, el problema es que los que utiliza actualmente la industria agroalimentaria –unos 2.500– son de síntesis y pueden provocar efectos dañinos en el organismo.
Productos químicos tóxicos. La exposición a disolventes, plaguicidas, herbicidas, alcohol y otros tóxicos produce un deterioro del sistema nervioso e inmunitario. Los síntomas más habituales son: dolores de cabeza, confusión mental, hormigueo en las manos y pies, depresión y alergias.
Medicamentos. Sean prescritos o sin receta, los medicamentos son sustancias químicas extrañas a nuestro organismo. Además de los efectos secundarios de su administración, presentan efectos añadidos cuando se produce una combinación de varios de ellos y, en cualquier caso, siempre conducen a deficiencias en nutrientes. Cuantos más medicamentos químicos se tomen, más conscientes hay que ser de los déficits nutricionales derivados. Los fármacos, en general, destruyen las vitaminas A, C, E, B6 y B9, además de minerales como el magnesio, el potasio, el selenio y el cinc.
Procesos inflamatorios. Todo proceso inflamatorio conlleva una proliferación de radicales libres para eliminar bacterias y virus invasores, pero esta acción sostenida y no controlada correctamente por los linfocitos T supresores puede ocasionar el daño de tejidos que no estaban parasitados, con el resultado de un envejecimiento precoz de órganos, tejidos y sistemas.
Exposición excesiva al sol. La Agencia de Protección del Medio Ambiente ha calculado que, en el año 2075, el desgaste de la capa de ozono será del 40% si no hacemos algo por cambiar esta dinámica, lo que supondrá un incremento del cáncer de piel del 200 al 300 por ciento. Por eso hemos de tomar el sol con moderación, con una crema solar de protección alta, en periodos cortos y, preferiblemente, fuera de las horas de máxima exposición solar. Las quemaduras de hoy pueden ser el cáncer de mañana.
Falta de ejercicio mental. La práctica de ejercicio mental es uno de los factores que determinan la conservación de las capacidades intelectuales. Se trata de un factor que se halla bajo nuestro control y que puede llegar a condicionar mucho la calidad de vida en las últimas décadas de nuestra existencia.
Alimentación. Una dieta rica en calorías, grasas saturadas, azúcares y alimentos procesados desestabiliza el organismo, provoca la aparición de enfermedades y acelera el proceso de envejecimiento. Por el contrario, los alimentos naturales –especialmente las frutas, verduras y cereales–, no sometidos a procesos industriales tienen una importante función antidegenerativa.
Estrés. La competitividad laboral, las necesidades que nos hemos impuesto, la ambición por lograr el éxito, el esfuerzo constante por aumentar el número de ceros en la cuenta corriente, las dificultades para dedicar tiempo a la familia, la adicción al trabajo como método de escape para eludir otros problemas, etc., han hecho que las crisis de ansiedad asociadas al estrés sean padecidas como un trastorno por una de cada tres personas en algún momento de la vida. El estrés prolongado agota las glándulas suprarrenales y tiroideas, provoca inmunodepresión y es el caldo de cultivo para el desarrollo de todo tipo de enfermedades complejas y degenerativas.
Actitud ante los problemas. Las personas pesimistas, negativas, sin proyectos ni ilusiones suelen tener peor salud que las optimistas y con ganas de superar retos. Positivizar las dificultades ayuda a mejorar la calidad de vida.
LOS COMPLEMENTOS ‘ESTRELLA’
La incorporación a la dieta de ciertos complementos puede ayudarnos a mejorar y a alargar nuestra vida a medida que envejecemos. La mayoría de estas sustancias se hallan en los alimentos, pero, con frecuencia, la dieta actual no incorpora las cantidades necesarias. Por eso es preciso añadirlas, pero no mediante medicamentos, sino con cápsulas o líquidos que contienen alimentos concentrados.
Ácidos grasos esenciales (AGE). Se hallan en los aceites de origen vegetal (omega 6) y en los pescados (omega 3). Son esenciales para el crecimiento y la reparación de las membranas celulares. Una membrana rica en AGE facilita los intercambios nutricionales, mientras que un déficit puede provocar dificultades en la absorción de nutrientes, alteraciones en los receptores y un comportamiento inmunológico incorrecto. Los ácidos grasos son también imprescindibles para modular los procesos inflamatorios, regular los desequilibrios hormonales y nerviosos, así como para el buen funcionamiento cardiovascular.
Los pescados azules, el aceite de semillas de lino, las nueces y las verduras de hoja verde son alimentos ricos en omega 3. El ácido graso esencial omega 6 se encuentra en los aceites de onagra, maíz, girasol, soja y cártamo, además de en la borraja y en la grosella negra.
Dosis: 6 g de omega 6 x 1 g de omega 3 (DHA y EPA combinados).
Alga clorella. Además de ser un perfecto complemento nutritivo, ya que posee todos los aminoácidos esenciales y no esenciales, vitaminas, oligoelementos y minerales fundamentales para la salud, actúa como un eficaz limpiador y ayuda a eliminar los peligrosos metales pesados del organismo.
En el mercado se suele hallar como suplemento, ya sea en comprimidos o en cápsulas con extracto en polvo.
Dosis: 20 gramos al día o entre 6 y 7 comprimidos, aunque puede incrementarse sin problemas hasta 60 g diarios.
Aloe vera. Se ha comprobado la eficacia del zumo de esta planta como desintoxicante del organismo y como vasodilatador en las migrañas.También actúa en los casos de disminución del riego sanguíneo por arteriosclerosis y participa en las reacciones bioquímicas neutralizantes de radicales libres y de la respuesta inflamatoria. Por otra parte, es cicatrizante, regeneradora, bactericida y analgésica. Además, por su riqueza en vitaminas, aminoácidos, minerales y oligoelementos, tiene un alto valor nutricional. En definitiva, desempeña una función vital en la protección contra numerosas enfermedades.
Es imprescindible asegurarse de cuál es su origen y de que el producto final incorpore un sello que certifique la correcta estabilización del gel.
Dosis: dos o tres chupitos de 10 ml al día. Se pueden disolver en agua o zumo.
Antioxidantes. Para proteger las mitocondrias y el resto de orgánulos de la célula, es aconsejable la ingesta periódica de complementos antioxidantes que contengan vitaminas A, C y E, selenio, N-acetil-cisteína, L-glutatión, L-metionina, así como las enzimas superóxido dismutasa y catalasa. Para preservar la visión, son eficaces la luteína, la zeaxantina, las proantocianidinas oligoméricas (OPC) y las semillas de uva. Se hallan en ajos, cebollas, arándanos, bayas, bayas goyi, vegetales verdes (espinacas, perejil, etc.) y amarillos (zanahorias, calabaza…), cítricos, crucíferas, remolacha y té verde.
Dosis: normalmente se ingieren de una a tres cápsulas al día con una sinergia equilibrada de varios compuestos.
Calcio, magnesio y potasio. Son imprescindibles para el desarrollo óseo, el equilibrio metabólico y la regulación del ritmo cardiaco. El calcio activa los estímulos nerviosos y el latido del corazón, el magnesio controla la hipertensión y el nerviosismo, mientras que el potasio evita las arritmias. El calcio y el magnesio evitan la pérdida de masa ósea.
Los contienen el brécol, la coliflor, las almendras, los dátiles, las legumbres, los derivados de la soja, las frutas (sobre todo, melocotones y albaricoques), las verduras crudas, las nueces y semillas, el salvado de trigo y el arroz.
Dosis: 1.500 mg de calcio y 500 mg de magnesio al día. No suele haber carencias de potasio en la dieta. La suplementación de este mineral la determinará el profesional de la salud.
Coenzima Q10. Se trata de un nutriente esencial para que las células conviertan el oxígeno en energía. Neutraliza los radicales libres en las mitocondrias y alarga la vida de estos orgánulos celulares. Es también un importante protector cardiovascular, desinflama y refuerza las encías, fortalece el sistema inmunitario y retrasa el envejecimiento. Se halla en espinacas, sardinas y carne.
Dosis: se aconsejan de 30 a 60 mg diarios, aunque en patologías se requieren ingestas superiores.
Fosfatidilserina. Sin esta sustancia, nuestras neuronas no podrían producir, almacenar o enviar los neurotransmisores de una célula nerviosa a otra. Su ingesta como suplemento refuerza la función mental en personas que padecen pérdida de memoria relacionada con la edad. La contiene la lecitina de soja.
Dosis: de 100 a 300 mg al día.
L-triptófano. Es un aminoácido muy efectivo como relajante del sistema nervioso. En el organismo, eleva los niveles de serotonina, un compuesto químico cerebral fundamental para regular el estado de ánimo, cuya síntesis disminuye con la edad. Los niveles bajos de serotonina están implicados, por ejemplo, en la depresión, el insomnio, los trastornos alimentarios, las migrañas, etc.
Los alimentos en los que se encuentran son los cereales integrales, la soja y derivados, las almendras, las semillas de sésamo, los quesos y los huevos.
Dosis: de 50 a 100 mg dos o tres veces al día, 30 minutos antes de las comidas.
Prebióticos y probióticos. Los probióticos son bacterias beneficiosas que viven en el tubo digestivo humano, mientras que los prebióticos son sustancias que favorecen el desarrollo de dichas bacterias, al tiempo que protegen las mucosas y ayudan al tránsito intestinal. Las funciones de las bacterias probióticas, entre las que destacan el Lactobacillus acidophilus y la Bifidobacterium bifidum son: ayudar a la digestión, fabricar vitamina K y otros nutrientes esenciales, mantener el colesterol a raya, estimular el sistema inmunitario, impedir un sobrecrecimiento de levaduras y otros organismos nocivos y proteger contra el cáncer de colon.
Se encuentran en alimentos a los que se han añadido cultivos de bacterias como yogures, derivados de la soja o chucrut.
Dosis: de 3 a 6 g de prebióticos al día y de dos a cuatro cápsulas de probióticos que contengan al menos mil millones de organismos vivos.
Sulfato de glucosamina. Desempeña un papel importante en la formación y reparación de los cartílagos. Es clave para la síntesis de colágeno y de ácido hialurónico, los más grandes amortiguadores moleculares. La pérdida de este nutriente es una de las causas de la degeneración de las articulaciones.
Como no hay fuentes alimentarias para la glucosamina, los suplementos se hacen a partir de la quitina, un componente de las capas duras y externas de las gambas, las langostas, los cangrejos y otros animales marinos.Dosis: 500 mg dos veces al día.
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¿ El aceite de omega 3 de cadena larga solo se puede conseguir en las grasas de los pescados ?