Juan Carlos del Olmo, en defensa de la actuación global
El líder de WWF-España es optimista respecto a la reunión internacional sobre el clima que se celebrará en Copenhague. Texto y fotos Rafael Carrasco
Juan Carlos del Olmo es naturalista, anillador de aves y colaborador desde joven de varias organizaciones conservacionistas. Ha realizado numerosos documentales para televisión y, desde el año 1996, está al frente de la sección española del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF). En esta entrevista se lamenta, entre otras cosas, del “perfil ambiental bajo” del actual Gobierno y también se defiende de las críticas a su organización por colaborar en proyectos con empresas. Además, advierte de que la cumbre de Copenhague de diciembre es la última oportunidad para salvar a la humanidad del caos climático.
Recientemente, Coalición Clima, de la que forma parte WWF, ha pedido un pacto de Estado para afrontar la lucha contra el cambio climático. ¿Puede explicarnos en qué consiste exactamente esta propuesta?
Coalición Clima, que es una coalición de 30 organizaciones de diferente ámbito, presentamos a la Comisión parlamentaria para el Estudio del Cambio Climático un abanico de propuestas muy amplio. Una de las cosas concretas que pedimos a los grupos políticos es que, dado que éste es un problema transgeneracional sobre el que van a tener que trabajar gobiernos de diferentes signos durante décadas y que afecta a toda la sociedad, que quede fuera de la lucha partidista. Pedimos que se llegue entre todos a un acuerdo básico para ir construyendo el camino de la lucha contra el calentamiento global y que no estemos dando bandazos continuamente.
Se aprecia una mayor colaboración de WWF con otras asociaciones en los últimos tiempos. ¿Es la unión de fuerzas una estrategia?
Con Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO-Birdlife o Amigos de la Tierra llevamos mucho tiempo trabajando, hasta tal punto que, en este momento, independientemente de que cada una tenga su propia cultura, su propia orientación y su propia forma de hacer las cosas, todos compartimos la visión de que hay que sumar fuerzas. Es más, en muchos temas concretos, incluso compartimos equipo.
Es un ejemplo de madurez que no se da en otros sectores sociales de nuestro país, ¿no le parece?
Cada vez nos cuesta menos llegar a acuerdos, sintetizar en qué estamos básicamente de acuerdo. También es cierto que los directores de las organizaciones nos conocemos desde hace mucho tiempo, estamos muy comprometidos con lo que estamos haciendo y nos dejamos de tonterías. Una idea que nosotros defendemos clarísimamente como estrategia para el futuro, y estamos muy volcados en eso, es la de trabajar sumando fuerzas con organizaciones de nuestro tipo, pero también con empresas y con gobiernos para temas clave como el cambio climático, la política pesquera y agraria o el agua, por ejemplo.
Alguna vez, sin embargo, se critica a ADENA por los acuerdos a los que llega con determinadas empresas o asociaciones empresariales.
Tú puedes hacer dos cosas con el mundo de las empresas: criticar la actitud de algunas de ellas en determinados ámbitos y, al mismo tiempo, entender que en algunos sectores hay que hacerles avanzar. Podemos criticar durante muchos años que las empresas madereras sigan trayendo madera ilegal, y lo hacemos, pero, o nos ponemos además a crear herramientas para cambiar ese mercado, o cuando queramos darnos cuenta no quedará un solo árbol en pie en África. Todo esto, al principio, se nos criticaba muchísimo, pero hoy en día se ha demostrado que es la única vía para ir acabando con la madera ilegal.
En el caso de la Mesa Redonda sobre Soja Responsable, en la que incluso participa Monsanto, les llegan críticas, sobre todo, de asociaciones agrarias e indigenistas. ¿Qué tiene que decirles?
Al ritmo que está avanzando hoy la deforestación para el cultivo de soja, si no empezamos a crear mecanismos para frenar ese proceso y criterios para ver dónde se puede poner soja y dónde no, llegará un momento en que no quedará un árbol ni en la Amazonia ni en el Chaco ni en ningún lado de Suramérica. Lo que se persigue con esta iniciativa para la soja –iniciativa a la que nosotros ayudamos a nacer– es intentar que se empiece a trabajar con algunas normas en un sector, como sucede con el de palma de aceite, que hoy está totalmente descontrolado. De ese modo, poco a poco podremos crear un mercado donde al final Acciona, por ejemplo, le exija al productor de soja o al de palma de dónde viene el aceite que les quieren vender.
Hablando de biocarburantes, ¿cómo se ve esta alternativa energética en una organización dedicada fundamentalmente a salvaguardar la biodiversidad del planeta?
Empezamos viéndolos, hace años, como una posibilidad prometedora y hoy se han convertido en una pesadilla. En tanto en cuanto no se pueda certificar el origen sostenible de las materias primas, nos oponemos a este tipo de combustibles. Es verdad que, en el caso de los cultivos energéticos que se realizan en Europa y en España, la situación es diferente, pero también ahí necesitamos certificar la sostenibilidad de alguna manera, y el problema es que eso hoy no existe. De todos modos, y volviendo al tema de la soja, hay que recordar que la mayor parte de la que se cultiva está destinada al engorde del ganado y, al final, los cerdos de Fraga o de la ribera del Ebro se están comiendo la selva amazónica. Como ha ocurrido con la energía eólica y con otras muchas cosas, los biocarburantes bien usados son una solución, y una pesadilla si se hace sin planificación y de forma meramente especulativa.
¿Qué opina de la energía eólica marina, que parece llamada a protagonizar el próximo boom de las renovables?
Está fenomenal, nosotros la apoyamos, pero habrá que ver dónde instalamos ese tipo de energía para que no perjudique otras cosas que también necesitamos. Es una cuestión de orden territorial, que en España no hay porque todo crece de forma explosiva y especulativa.
¿Cuál ha sido el motivo del cambio de nombre, de WWF/ADENA a solamente WWF, cuando todo el mundo conocía las siglas ADENA?
La gente conocía ADENA y nos va a llevar cierto tiempo acostumbrarla a este otro nombre, pero somos realmente una oficina de una red mundial y justamente lo que queremos es proyectar esa idea internacional. Hacen falta organizaciones con los pies puestos en el terreno en el que se encuentran, pero con una visión global. Era una apuesta que teníamos que hacer.
Usted, que forma parte del Consejo Asesor de Medio Ambiente, ¿qué cree que está pasando con la política ambiental del Gobierno?
Con la política ambiental en la actual legislatura del Gobierno, en general, ha habido un parón debido a una decisión de bajar el perfil de la política ambiental, sobre todo en temas como el agua y las costas. Ése es un problema que también se está reproduciendo en las comunidades autónomas. Respecto al Ministerio de Medio Ambiente, es un monstruo tan grande lo que se ha creado que ha debilitado la parte ambiental. Los temas de biodiversidad, en un país que es una potencia en eso, prácticamente han desaparecido. En la etapa anterior, se había significado mucho la política de protección del litoral y eso había creado bastantes problemas a cierta parte del Gobierno. Ahora, la visión productivista está pesando más que la visión ambiental.
En un año decisivo para el clima, ¿qué cree que puede esperarse de la cumbre de Copenhague de diciembre?
Yo creo que el mundo se la juega en Copenhague y que nunca se la ha jugado de tal manera como ahora. No es una reunión más en torno al cambio climático. Los científicos dicen que si queremos evitar los dos grados más de media, los 10 o 15 próximos años son claves y no podemos perder más tiempo. Lo que se decida en Copenhague es un acuerdo trascendental, además, porque el Procolo de Kioto decía que los países más desarrollados tenían que asumir sacrificios, pero en esta ocasión se le va a pedir a todo el planeta. Los países industrializados van a tener que hacer un esfuerzo enorme de reducción de gases de invernadero para ponerse al nivel que el IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) dice que hay que ponerse. Nosotros decimos que para el año 2050 hay que llegar a una reducción drástica en las emisiones del 80%, lo que implica reinventar prácticamente todo el sistema económico mundial.
¿Es optimista respecto a esa cumbre de Copenhague?
Hay una esperanza muy importante, un cambio de escenario radical que se abre desde Estados Unidos. Hasta ahora, todas las cumbres del clima han gravitado sobre el bloqueo y el boicot de Estados Unidos y su cohorte de países, así como de los lobbies de esos países, que han hecho un daño a la humanidad impresionante. Lo que se plantea ahora es que ese discurso desaparezca y nos pongamos a trabajar mirando hacia adelante. Eso es lo que nosotros esperamos de la Administración Obama. Es un momento realmente importantísimo.
A quienes utilizan el argumento de la crisis para postergar las medidas que estabilicen el clima futuro, el líder de WWF-España replica que “se está demostrando que la lucha contra el cambio climático es una de las vías de crecimiento más importantes. Todo el mundo está trabajando en la dirección de redescubrir nuevas formas de hacer las ciudades, los edificios, los vehículos o la movilidad”. Como ejemplo, señala Del Olmo, “la industria automovilística, que durante tanto tiempo ha puesto trabas a esta lucha contra el cambio climático, ahora va a ser una de las mayores beneficiadas, porque estamos hablando de cambiar en muy poco tiempo todo el parque móvil del planeta”.
Sumario n.363