Terra madre, ¿poesÃa o polÃtica?
Terra Madre, el encuentro mundial de las comunidades del alimento que se celebra cada dos años en TurÃn (www.terramadre.org), está indiscutiblemente lleno de poesÃa. Porque Terra Madre no es tan sólo una increÃble reunión bianual, sino también una red permanente que une entre sà a las1.600 comunidades que la forman. Es cierto que, cuando se encuentran frente a frente 7.000 personas de 153 naciones del mundo –campesinos y pescadores que convergen en TurÃn aportando sus costumbres y sus lenguas–, uno se siente abrumado por la poesÃa de la diversidad que es capaz de expresar tal multitud. La mirada más sensible, o más sabia, más atenta y más entrenada, corre el riesgo de perderse. Sin embargo, es quizás ese perderse, esa sensación de no poder comprenderlo todo, lo que restituye el valor de Terra Madre: poética y también polÃtica.
Nuestra mente ha sido moldeada por el consumismo, que promete la satisfacción de la necesidad de cosas, bienestar o felicidad cuando es precisamente la cientÃfica insatisfacción de tales necesidades el motor del sistema. Ante esta situación, como una necesidad, existe la ilusión continua de tener control sobre nuestra vida, de ser los amos de nuestro bienestar, que deberÃa ser directamente proporcional a la cantidad de bienes que acumulamos. Perder el control, perderse, significa salirse del sistema, ser marginados.
Terra Madre, con su caleidoscopio de diversidad, no se puede controlar, encauzar, definir, reducir a algo que se vende o se consume. Perderse mientras se observa Terra Madre es ver otra dimensión: apreciar la mitad del mundo que, en parte porque no puede, en parte porque no quiere, no tiene nada que hacer en ese sistema que no tiene memoria, que no sabe qué es la lentitud, que desprecia y desperdicia la comida, que literalmente consume la Tierra.
Estas personas están involucradas en su comunidad, y es en su comunidad donde trabajan cada dÃa, siendo el centro de su trabajo los alimentos. Producen de manera sostenible, no desperdician nada, respetan la naturaleza que les circunda, practican la reutilización, continúan las sendas de la sabidurÃa ancestral y de las formas de producir que, no por casualidad, son rechazadas por el consumismo como obsoletas y marginales. Su armonÃa con el entorno y su capacidad innata para hacer que la Tierra produzca sin devastarla son –paradójicamente para el consumista– modernas, ya que hoy la crisis ecológica, climática y financiera se abate inexorablemente sobre nuestras pequeñas vidas.
Saber que están trabajando su tierra es como un seguro para el futuro y abre nuevos escenarios. No se oponen al consumismo por un factor ideológico ni se sienten extraños por no ser aceptados, y ésta será su fortuna y la nuestra: enseñarán al mundo –si el mundo sabe mirarlos de forma justa y respetarlos–cómo salir de la crisis y reconciliarnos con la madre Tierra. El mundo será salvado por los campesinos, apuesto por ello.
SerÃa fácil catalogar Terra Madre como simple poesÃa, como inspiración utópica e irrealizable porque está fuera del mundo, pero sin embargo es una poesÃa que nos habla de una nueva polÃtica, de un nuevo humanismo, ahora que el sistema global alimentario da señales de hundimiento. No son los campesinos de Terra Madre los que están fuera del mundo: es el mundo el que está fuera de sÃ. Ellos tienen los pies sobre la tierra; sus manos trabajan, tocan la tierra. Mirémosles y aprendamos.
Por Carlo Petrini
Cocinero de reconocido prestigio, fue el fundador del movimiento Slow Food. Ha sido también impulsor de importantes eventos internacionales, como Terra Madre, encuentro mundial de las comunidades del alimento.
URL: http://www.larevistaintegral.com/?p=3166












