Obesidad infantil
Cocina casera y vigilancia, la fórmula para controlar el peso de nuestros hijos.
Uno de los problemas de salud más serios con los que se enfrentan en la actualidad los países ricos es la obesidad. Ésta condiciona la aparición de enfermedades degenerativas, que son la principal causa de muerte en las sociedades desarrolladas: problemas cardiovasculares, diabetes, hipertensión… Pero lo preocupante es que está empezando a afectar de manera grave a los más pequeños.
El origen de esta tendencia se encuentra, sin duda, en la mala alimentación, pero, sobre todo, en los excesos de determinados ingredientes o productos elaborados en su dieta:
-Azúcar, chocolate, chucherías, helados y bollería industrial.
-Sal cruda en todo tipo de snacks.
-Grasas saturadas en carnes, embutidos y productos lácteos.
-Harinas blancas y refinadas.
-Aditivos químicos y comida procesada.
-Bebidas azucaradas con gas.
-Comidas hipercalóricas, pero que no aportan nutrientes.
Se trata de una dieta tan nociva que, en muchos casos, la salud se resiente a muy temprana edad, con el agravante de que puede llegar a afectarles el resto de sus vidas si no se adoptan cambios importantes a largo plazo. Eso significa que se debe modificar completamente la forma de vida de los pequeños y alejarlos de los hábitos que imperan hoy en día.
La mejor forma de que mantengan el peso regular a medida que vayan creciendo es seguir una alimentación natural y equilibrada, así como ciertas costumbres, pero no sólo ellos, sino toda la familia. Por ejemplo, hay que valorar el arte de cocinar, de crear salud y aplicarlo diariamente en nuestra cocina.
Por Montse Bradford. Experta de nutrición natural y energética
El verdadero significado de la alimentación es generar una óptima calidad de sangre para crear salud y energía. Precisamente, algo que les falta a los niños y adolescentes que acostumbran a consumir alimentos hipercalóricos y con grasas saturadas. Se sienten débiles, sin vitalidad, desmineralizados y muestran un aumento de peso, ya denominado obesidad a muy corta edad.
Todos conocemos la presión que la sociedad de hoy en día impone a nuestros adolescentes, sean chicos o chicas, para imitar modelos exageradamente delgados. Pero, al mismo tiempo, nuestros jóvenes se ven bombardeados diariamente por los medios de comunicación con anuncios que les inducen a consumir más y más platos fast food, es decir, alimentos artificiales, repletos de azúcares refinados, grasas saturadas, calorías vacías, colorantes y condimentos químicos que van a producir justo el efecto contrario en sus cuerpos.
Todos estos alimentos les llevarán directamente a la obesidad, a la desmineralización, a la debilidad, al decaimiento y a una falta de autoestima, ya que les alejará de forma irremediable de esos cuerpos deseados, provocándoles todo tipo de problemas físicos y emocionales. Por un lado, se encontrarán con un exceso de peso y enfermedades más graves que les pueden acompañar el resto de sus vidas. Por otro, el sentido de culpabilidad y la falta de confianza en ellos mismos por no poder cumplir con las normas impuestas por una moda sin sentido de cuerpos desnutridos y tallas diminutas acabará conduciéndoles a una confusión total a todos los niveles.
La obsesión por alcanzar ciertos modelos corporales y la falta de un conocimiento energético lleva a veces a los adolescentes a regímenes y patrones de conducta muy peligrosos, tales como la bulimia o la anorexia. Se trata de enfermedades que, una vez establecidas, resultan muy difíciles de curar y necesitaremos de mucha paciencia, amor y perseverancia para afrontarlas. Pero para llegar a esos casos extremos hay que pasar antes por muchas etapas y, como padres, es probable que nos demos cuenta a tiempo de que algo tiene que cambiar en la alimentación de nuestros hijos.
Observar el comportamiento de nuestros hijos, orientarles desde pequeños y encauzarles hacia una alimentación natural es la única garantía de que podrán crecer sin obesidad tengan la edad que tengan. Pero, además, sintiéndose fuertes y con la energía propia de su edad. Para ello, tenemos que aprender a cocinar de nuevo, a volver a los valores del pasado, pero adaptados a la vida de ahora junto a nuestra familia.
Para empezar, adoptaremos formas de vida más saludables y haremos una comida casera simple a diario. Por otra parte, nos acostumbraremos a cenar temprano, como mínimo dos horas antes de acostarnos, ya que las cenas tardías producen estancamiento. Como consecuencia, se acumulan grasas, al tiempo que se debilita el sistema nervioso.
Para cenar temprano es imprescindible que se respete una regla: no merendar o tomar un refrigerio muy ligero para no matar el hambre de la cena. Tampoco es necesario esperar al padre o la madre, si alguno llega tarde, para que los niños cenen. Pueden hacerlo antes y, luego, tomar un poco de compota de fruta o alguna bebida caliente para compartir la mesa con la familia.
Otro buen hábito es adoptar una pauta de tres comidas equilibradas al día: un buen desayuno al levantarnos, almuerzo en la escuela y cena en casa. De hecho, cuantas más comidas se hagan en casa, mejor, ya que las del colegio suelen tener altos contenidos en sal, aceite y grasa.
Masticar bien, tomar conciencia de lo que se come y disfrutarlo es otra de las claves para mantener un peso correcto, al igual que no comer snacks durante el día, especialmente antes de ir a dormir.
Por último, si a la hora de cenar optamos por la proteína, es aconsejable que ésta sea de origen vegetal.



Sumario n.369