Buenos propósitos dietéticos para 2010
Entre nuestras promesas para el nuevo año, no deberÃa faltar la de mejorar nuestra forma de alimentarnos, un compromiso que cumpliremos con éxito si seguimos estos consejos básicos.
Texto: Laura Kohan Fotos: Becky Lawton Estilismo: Adrian Geralnik
Un año más, nuevecito e inmaculado, que empieza cimentado, para algunos, en buenos propósitos de enmienda. Pocos son los que se resisten a formular estas promesas de buenas acciones y pocos, también, los que una vez efectuadas, pueden seguirlas más allá de las primeras semanas del año. Por eso, si buscamos una acción redentora que deje verdadera huella en nuestra vida y mejore todas las áreas de un solo golpe de entre todas las promesas que podemos hacernos, quizás la más valiosa serÃa la de revisar y mejorar nuestra forma de comer.
Vivimos rodeados de constantes tentaciones alimenticias lo que, unido a nuestra falta de tiempo, se traduce en malos hábitos alimentarios y en una presencia cada vez mayor de productos procesados y precocinados en nuestra dieta. Algo que hace todavÃa más urgente la necesidad de pararse a reflexionar sobre qué es lo que nuestro cuerpo necesita para funcionar y las formas más efectivas de dárselo.
Una manera de empezar a cuidarnos puede ser seguir algunos de los consejos aquà propuestos y poco a poco ir introduciendo otros más personalizados que llenen de salud y bienestar nuestra vida en los años venideros.
1. Llevar un diario de la dieta
Antes de decidirnos a dar un giro saludable a nuestra alimentación, es muy importante tener claro qué es exactamente lo que debemos cambiar. Una buena idea es anotar todo lo que comemos y bebemos cada dÃa durante, al menos, una semana y asà tener una imagen objetiva de aquello que entra en nuestro cuerpo y de todo lo que no entra. Este sistema es especialmente eficaz si queremos comprobar cuánto lÃquido bebemos y cuánto de este lÃquido es agua.
Una vez tengamos anotada una semana completa, deberÃamos pasarla a un tablero de modo que, de un solo vistazo, pudiéramos darnos cuenta de qué tipo de alimentos están sustentando nuestro organismo y, por ende, nuestra salud. A partir de ahÃ, ya dispondremos de las primeras pistas para averiguar por dónde debemos empezar a cambiar nuestra alimentación.
2. Hacer un desayuno vitamÃnico
Sabemos que el desayuno es una de las comidas cruciales del dÃa, ya que de éste sacamos la mayor parte de la gasolina para arrancar la jornada con energÃa. Además, para muchos es la única comida que hacen en casa hasta la noche, lo que va a dificultar bastante el acceso a alimentos frescos. Por ese motivo, y para matar dos pájaros de un tiro, deberÃamos incluir de dos a tres piezas de fruta todas las mañanas en nuestro desayuno, puesto que asà nos aseguramos de que desde el principio del dÃa contamos con las vitaminas necesarias para funcionar correctamente.
Como a primera hora de la mañana suele faltar tiempo, lo ideal es transformar esa fruta en un batido. Un ejemplo de una buena combinación en estos meses de invierno serÃa incluir un cÃtrico o un kiwi con una manzana o una pera y una tercera fruta, a nuestra elección: un plátano, un trozo de piña, unas uvas…
3. Aprender a compensar
En las épocas que nos sintamos más pesados, especialmente después de un periodo como el de las navidades, es conveniente empezar a compensar con cenas más suaves y digestibles, sobre todo para quienes realizan muchos de sus almuerzos fuera de casa.
La mejor formar de equilibrar las calorÃas y de irnos a la cama sin tanto lastre es tomar cenas lÃquidas donde combinemos todo tipo de vegetales de estación en forma de sopa o de crema de verduras. Aquéllos que necesiten un toque más contundente o saciante, pueden lograrlo agregando un poco de cereales, como, por ejemplo, quinoa o amaranto, durante la cocción y después pasar la sopa por la procesadora para convertirla en crema.
4. Acompañar con agua
TodavÃa hay demasiada gente acostumbrada a acompañar sus comidas con zumos, refrescos o bebidas carbonatadas. Esto, además de desvirtuar el sabor de los alimentos, suele diluir nuestros jugos gástricos y dificultar la digestión. En algunos casos, el exceso de azúcar provoca fermentaciones poco deseadas en el estómago y, en otros, el anhÃdrido carbónico de la bebida provoca distensión intestinal, dando lugar a meteorismos, hinchazón y, si las cantidades son muy altas y continuadas, gastritis. Ahora bien, lo peor de acostumbrarnos a comer con bebidas azucaradas es, como ya anunciaba un estudio publicado por el Journal of the American Medical Association, el peligro de desarrollar diabetes y obesidad. Por eso, ya es hora de darle al agua el lugar que se merece en nuestra mesa.
5. Consumir alimentos variados
Son muchos los que limitan su mundo culinario a unos cuantos alimentos, evitando sistemáticamente aquellos que les resultan poco apetitosos. Pero de esta forma se están perdiendo un sinfÃn de placenteras experiencias. Además, la variedad de alimentos es una de las mejores garantÃas de estar introduciendo en el organismo el mayor número de nutrientes. Suele pasar que a través de ciertas frutas raras, setas, algas, bayas o raÃces multiplicamos el aporte de componentes beneficiosos, y todo en porciones mucho más pequeñas. Asà que la próxima vez que veamos un ingrediente raro, deberÃamos darle una oportunidad.
6. salar, ¡pero menos!
No hace falta padecer de hipertensión o de algún problema renal para plantearnos reducir la sal en la dieta. Como norma, se suele recomendar no superar los seis gramos de sal al dÃa, pero son muchos los que incluso la duplican.
Si nuestro paladar está acostumbrado a las comidas muy saladas, lo primero es ir reduciendo poco a poco la cantidad, sustituyéndola por especias. De ese modo, nuestro sentido del gusto se irá normalizando. La segunda medida, y más importante, es mejorar la calidad de la sal o, lo que es lo mismo, cambiar la sal común, que es puro cloruro de sodio, por una sal marina pura o sal rosa del Himalaya que, además, aportan otros oligoelementos. También podemos probar con sal de hierbas o gomasio.
7. Comer en la mesa y sin tele
¿Cuántos de nosotros nos hemos acostumbrado a comer delante de la televisión o de la pantalla del ordenador? Esto, además de ser malo por un tema postural, altera nuestra sensación de saciedad, pues no prestamos atención a las porciones que ingerimos. Por eso, ni disfrutamos plenamente de los matices de aquello que comemos, ni tampoco lo masticamos y digerimos bien. Si es tu caso, come durante un par de semanas en la mesa, despacio y en silencio. Verás cómo tu atención se centra en los bocados y todo lo que comas te sienta mejor.
Bombones de fruta con semillas
Comiendo la fruta rebozada con diferentes semillas y frutos secos conseguimos evitar que se oxide y aumentamos al mismo tiempo su valor nutricional.
Ingredientes:
1 plátano, 1 manzana y 1 kiwi
1 rodaja de piña fresca
4 cucharadas de semillas de amapola
4 cucharadas de semillas de calabaza
4 cucharadas de amaranto
2 cucharas de coco rallado
50 g de cacahuete sin sal
1 cucharada de tahini
El zumo de una naranja
4 cucharadas de aceite de sésamo
Elaboración:
Cortamos el plátano en rodajas gruesas y el resto de la fruta, en dados grandes. Molemos finitos los cacahuetes y los mezclamos con el coco rallado. Picamos las semillas de calabaza y pasamos los granos de amaranto por la sartén muy caliente para que exploten. Batimos el aceite de sésamo con el zumo de naranja y el tahini y pasamos los dados de frutas por esta mezcla. Vamos sacando la fruta húmeda y pasamos los tacos de plátano por las semillas de amapola; los dados de manzana, por la calabaza picada; los de kiwi, por las palomitas de amaranto y los de piña, por la mezcla de coco rallado y cacahuete.
Cardos al vapor con salsa de miso
Para seguir una dieta sana, debemos comer verduras de la estación.
Ingredientes:
400 g de cardo
50 ml de aceite de girasol
50 g de maicena
Medio litro de leche de soja
2 cucharadas de miso de cebada
El zumo de un limón
Medio puerro
Pimienta negra
Cebollino fresco
Elaboración:
Quitamos todos los hilos de los cardos y cortamos cada penca en tres o cuatro trozos. Regamos con el zumo de limón, salamos y ponemos a cocer al vapor entre 15 y 20 minutos. Cortamos el puerro en tiritas y lo pochamos en un cazo con los 50 ml de aceite de girasol entre 3 y 4 minutos. Cuando esté blando, le añadimos la maicena y removemos bien. Agregamos la leche de soja caliente poco a poco hasta tener una salsa espesa. Salpimentamos y sacamos del fuego. Diluimos el miso en un poco de leche de soja y agregamos a la salsa cuando esté tibia, mezclando todo muy bien. Servimos los cardos con esta salsa por encima y un poco de cebollino picado.
Ensalada de pomelo rosa
Es importante consumir alimentos en estado crudo también en invierno.
Ingredientes:
300 g de canónigos
100 g de pistachos
1 granada,1 pomelo rosa, 1 nabo
100 g de calabaza
50 ml de vinagre de manzana
150 ml de aceite de primera presión de cártamo
2 cucharadas de miel de palma
Sal rosa del Himalaya
Una cucharadita de eneldo seco
Elaboración:
Pelamos los pistachos y reservamos. Sacamos los granos de la granada con cuidado de que no se nos rompan. Pelamos el nabo y el trozo de calabaza y lo rallamos con la parte gruesa del rallador. Después de pelar el pomelo, sin dejar nada de su parte blanca, con la ayuda de una puntilla afilada le sacamos los gajos. Preparamos el aliño batiendo el vinagre de manzana, el aceite de cártamo, la miel de palma, el eneldo y un toque de sal. Montamos la ensalada poniendo los canónigos en el centro y alrededor de ellos el nabo y la calabaza rallada mezclados. Por encima, el pomelo, los pistachos y la granada. El aliño puede ir en un bol aparte.
URL: http://www.larevistaintegral.com/?p=4202













Hola les escribo desde el Salvador, Centro America, lastimosamente desde hace un ano he buscado la revista y no he podido encontrar ningun ejemplar, donde lo puedo encontrar.
gracias
Atentamente
Isabel