El museo más ecológico del mundo

La Academia de las Ciencias de California es un modelo de arquitectura pública sostenible que se integra en la topografía montañosa de San Francisco gracias a su ‘techo viviente’.

Las fuerzas de la naturaleza están intrínsecamente unidas a la nueva sede de la Academia de las Ciencias de California. Inaugurada en septiembre de 2008, se ha transformado en un espacio interconectado, con contenidos renovados, bajo un techo vivo que produce energía e integra el edificio en su entorno. Éste es el resultado de casi diez años de reformas tras el daño causado por un terremoto en 1989. Un mes después de su apertura, la obtención de la certificación LEED Platino lo convirtió en el museo más ecológico del mundo y en el edificio público más grande en conseguirlo.

Diseñado por el arquitecto Renzo Piano, es el único edificio que acoge un acuario, un planetario –el más avanzado del mundo–, un museo de historia natural y programas de investigación y divulgación bajo un mismo techo.

La sede es uno de los diez proyectos piloto de edificios verdes promovidos por el Departamento de Medio Ambiente de San Francisco, que pretende desarrollar modelos viables de arquitectura pública sostenible. Con un coste cercano a los 340 millones de euros, su consumo energético es entre un 30 y un 35 por ciento inferior a lo exigido por el código de construcción estándar californiano.

Cubierta ecológica

Su impactante cubierta ecológica se ha convertido en la imagen de la sede. La vegetación empleada en el llamado “techo viviente” –cerca de dos millones de plantas– cubre un total de 10.100 m2 y está formada por nueve especies diferentes, autóctonas de la región de California. No necesitan irrigación artificial y actúan como aislante térmico, con lo que reducen el consumo energético de la climatización. Además, la cubierta ha quedado completamente integrada con el Golden Gate Park, lugar en el que se encuentra ubicada en la ciudad de San Francisco. El techo ecológico está formado por siete colinas, un guiño que el arquitecto quiso tener con la topografía montañosa de San Francisco.

El ahorro de agua es otro de los elementos clave del edificio. Gracias a la retención de las pluviales, la nueva sede evita, en primer lugar, una pérdida de 16 millones de litros de agua y, en segundo, que las aguas de escorrentía arrastren sustancias contaminantes al ecosistema. También el agua residual recuperada en San Francisco se emplea en los inodoros del edificio. Así se reduce el consumo del agua potable en un 90%. Con el agua recuperada por la propia sede y la que proviene de la ciudad, el total de agua potable ahorrada es del 78%.

La sensibilidad que la Academia de las Ciencias tiene con este elemento de la naturaleza va mucho más allá. El acuario, por ejemplo, utiliza agua salada que proviene, por medio de un acueducto subterráneo, del océano Pacífico, reduciendo, nuevamente, el consumo de agua potable. Además, los residuos de nitrato se purifican con sistemas naturales. De ese modo, el agua del acuario puede reciclarse posteriormente.

El diseño de Renzo Piano aporta ventilación y luz natural a la construcción. Gracias al vidrio de alto rendimiento utilizado en todo el edificio, más del 90% de los espacios ocupados habitualmente tienen luz directa del sol, con la consecuente reducción del consumo energético. También las claraboyas instaladas en la cubierta verde aportan su grano de arena. Colocadas de manera estratégica, permiten el acceso de la luz natural al espacio de la selva tropical y a los arrecifes coralinos. Por su parte, la ventilación natural se consigue gracias a las ondulaciones del techo, que permiten extraer el aire fresco que penetra por la apertura de la plaza central del edificio y se direcciona hacia los espacios expositivos ubicados en los alrededores.

Energías renovables

El empleo de energías renovables ha sido otro factor destacado en la reducción de los consumos. Perfectamente integrados en el edificio, se colocaron paneles solares sobre una marquesina de cristal que rodea la sede. Los paneles contienen 60.000 células fotovoltaicas que proporcionan casi 213.000 kW/h de energía limpia al año, es decir, más del 5% de la energía consumida por el complejo. La cifra se traduce en un ahorro anual de 452.061 euros en la emisión de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Las células fotovoltaicas instaladas son de policristalina, consideradas como las más eficientes, con un ahorro energético del 20%. Por otro lado, los grifos de los lavabos disponen de un sistema especial de sensores que permite la recarga energética automática del aparato. Al abrirse el grifo, el agua acciona unas turbinas internas que generan energía y recargan la propia batería.

La demolición de la antigua academia también sirvió para reciclar los residuos generados: 9.000 toneladas de hormigón fueron reutilizadas en la construcción de una carretera en California, 12.000 toneladas de acero se llevaron a la Schnitzer Steel –compañía líder en el reciclado de metales– y, posteriormente, se reutilizó el 100% para la estructura de acero del nuevo edificio.

Otro de los materiales empleados fue la madera. Más del 50% se obtuvo de forma sostenible y está certificada por el Forest Stewardship Council. Por último, el aislamiento de las paredes está realizado con vaqueros reciclados, un producto básicamente de algodón y con un 85% de contenido reciclado post-industrial.

El impacto ambiental ocasionado por el transporte ha sido otro de los puntos tenidos en cuenta. Además de ofrecer a sus empleados aparcamiento vigilado para sus bicicletas en las entradas e instalar una estación de recarga para los coches eléctricos, la academia les compensa por el uso del transporte público. Incluso durante el proceso de construcción de la sede se cuidó la reducción del impacto del trasporte y el apoyo a la economía regional. Así, más del 20% de los materiales utilizados son locales o manufacturados a menos de 800 kilómetros.

Por Enric Aulí y Jordi Fernández

URL: http://www.larevistaintegral.com/?p=4212

Escrito por Redacción el feb 24 2010. Archivado bajo Bioconstruccion, Casa. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

1 Comentario por “El museo más ecológico del mundo”

  1. Cornelio Martinez

    Quedé impresionadísimo al ver por televisión el documental de cómo fue construido ese museo ecológico. se empleó un sitio que fue dañado por un terremoto. Particularmente como especialista en museos ojalá pueda tener la oportunidad de conocerlo, la verdad es que me gustaría muchísimo. Gracias.

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