Pesticidas en aumento

Los transgénicos han incrementado la utilización de agroquímicos.

Desde el principio, los cultivos transgénicos han despertado una gran desconfianza social debido al desconocimiento de sus consecuencias sobre la flora y la fauna, así como sobre sus efectos en la salud de los consumidores. Pero ahora, el Centro Orgánico de Estados Unidos, en su estudio titulado Impactos de los cultivos genéticamente modificados sobre el uso de pesticidas, aporta un nuevo dato que tampoco habla muy bien de esta tecnología. En él se asegura que las variedades de maíz, soja y algodón resistentes a ciertos pesticidas de gran toxicidad –fundamentalmente, el glifosato de Monsanto– aumentan un 26% el uso del plaguicida respecto a la misma superficie de cultivo convencional.

Mientras la normativa de la Unión Europea tiene como objetivo reducir a la mitad el uso de plaguicidas químicos para rebajar la contaminación del suelo y las aguas, la biotecnología agrícola ha iniciado en la última década el camino inverso. De hecho, el maíz, la soja y el algodón transgénicos representan ya la mayoría de la superficie de estos tres cultivos en Estados Unidos.

Usando una metodología del Departamento de Agricultura norteamericano, el informe llegó a la conclusión de que en los últimos 13 años las variedades transgénicas que hacen a la planta resistir el ataque químico de determinados pesticidas ha supuesto un uso adicional de 144 millones de kilos –0,55 kilos más por acre– de estos compuestos sintéticos.

Esta locura ambiental supone un gran negocio para las Bayer, Pioneer, Monsanto y compañía y recuerda tristemente los mejores tiempos del DDT. Es más, el informe predice que el consumo de glifosato y otros plaguicidas de amplio espectro irá en aumento en los próximos años a pesar de que las autoridades ambientales y sanitarias del mundo desarrollado llevan años intentando reducir el uso de pesticidas en el campo y reconvirtiendo a los agricultores hacia los cultivos integrados y otras formas de agricultura más benignas.

El glifosato es un compuesto organofosforado que, a diferencia de otros, no afecta al sistema nervioso, por lo que Monsanto y otras empresas lo venden como “biodegradable” e “inocuo para la salud humana”. Esto, unido a su utilidad contra todo tipo de hierbas, ha hecho de él el pesticida más usado del mundo en agricultura y jardinería. Sin embargo, estudios in vitro llevados a cabo por bioquímicos de la Universidad de Caen, en Francia, han revelado que el Roundup se comporta como un veneno potencialmente mortal ante células placentarias humanas y es un potente disruptor endocrino, incluso en concentraciones muy bajas.

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