Apicultura para la biodiversidad

Tradicionalmente, en el mundo mediterráneo, el manejo de las poblaciones de abejas para la producción de miel y otros subproductos florales ha tenido gran importancia social, cultural y sobre todo económica. La apicultura como actividad se fue gestando históricamente durante un periodo comprendido entre los 8.000 y 4.000 años antes de Cristo, si bien desde épocas anteriores algunos asentamientos humanos en la Península Ibérica ya se habían preocupado de llevar a cabo una recolección silvestre de panales de miel, incidiendo de manera notable sobre las poblaciones de abejas silvestres.

En este periodo, se pasó de ejercer una recolección propiamente dicha a proporcionar a las abejas un habitáculo, manufacturado con diversos materiales, para que éstas pudiesen anidar y construir los panales en su interior. El desarrollo de dicho recipiente, denominado con posterioridad colmena, permitió ubicar las colonias de abejas en lugares cercanos y accesibles para cosechar con mayor facilidad la miel y otros subproductos apícolas. Nos encontramos, pues, ante una actividad de gran importancia histórica en el mundo mediterráneo y con una especie, la abeja melífera (Apis mellifera), cuya función dentro de la economía rural ha estado muy unida al desarrollo de sus sociedades.

En el contexto actual de impulso de la multifuncionalidad y diversificación económica de los territorios rurales, la apicultura presenta un papel clave en la gestión sostenible del territorio con una clara orientación de viabilidad económica para el futuro. En este sentido, cabe destacar el importante papel que juegan las abejas como elementos esenciales en todos los ecosistemas, para lo cual debemos acercarnos a los mismos con una visión global y tratando de entender la naturaleza como una gran red en equilibrio formada por pequeños nodos que tienen su propia función y que están interconectados entre sí. Las abejas son una pieza más en los ecosistemas y, en su continuo periplo de flor en flor, recogen y dispersan el polen, convirtiéndose en un eslabón esencial en el ciclo vital de más del 80 % de nuestras plantas con flores. Como consecuencia de la desaparición de las abejas, si las plantas dejaran de producir frutos, muchas especies de aves y mamíferos perderían variabilidad de recursos alimenticios y se producirían alteraciones importantes en sus poblaciones, lo cual traería consecuencias dramáticas en los ecosistemas que las sustentan.

Por este motivo el gran valor ecológico de las poblaciones de abejas con su importante función polinizadora debiera, sin duda, ser divulgado en la sociedad de manera urgente. En este sentido, si la apicultura tomara conciencia del valor del capital natural que gestiona en el contexto de su actividad, sería esperable que fueran los propios apicultores en el medio rural quienes tuvieran la responsabilidad social de favorecer la conservación de la naturaleza con mucha más eficacia, convirtiendo así la apicultura en una actividad crucial desde el punto de vista ecológico, social y económico.

En definitiva, se hace necesario potenciar la biodiversidad a través de actividades como la apicultura en el contexto de diversificación de la economía, acompañadas de una revalorización de la economía del medio rural. Se trata de este modo de aportar con todo ello soluciones de futuro para la conservación de la naturaleza y las coyunturas económicas adversas de una realidad, el mundo rural, que aglutina el 80% del territorio nacional. Es de crucial importancia dar valor, en este contexto de sostenibilidad, a una actividad como la apicultura, que fomenta la producción de un alimento saludable y básico en la dieta mediterránea y que contribuye al desarrollo económico de los territorios rurales donde se ubica, promocionando a su vez la conservación de ecosistemas con presencia de especies amenazadas y de alto valor ecológico.

Por José F. Gómez Sánchez
Doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid, profesor titular del CSEU La Salle de la Universidad Autónoma de Madrid y coordinador General del Programa RuNa de la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente (www.felixrodriguezdelafuente.com).

URL: http://www.larevistaintegral.com/?p=4784

Escrito por Redacción el may 3 2010. Archivado bajo Opinión. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

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