Endrino: la madre del bosque

Fuertes caudillos eran el espino negro con su fruto deleznable y el infame espino albar, de semejante naturaleza.

La batalla de los árboles, Câd Goddeu
(versión de R. Graves)

Madre del bosque (mère-du-bois) es uno de los apodos que dan al endrino o espino negro en Bretaña. De humilde porte, es habitante asiduo de setos, matorrales y linderos. Si se le observa detenidamente en su hábitat, se comprueba enseguida que su inextricable defensa espinosa es una eficaz protección para sí mismo y, al mismo tiempo, sirve de refugio seguro para las plántulas, nidos y madrigueras de todo tipo de árboles y animales que crecen a su amparo. En su impenetrable maraña tiene el bosque su cuna y vivero, y en primavera y otoño, además de protección, aporta el endrino alimento a los fecundadores y diseminadores del bosque. Es así como éste avanza reclamando lo suyo, mediante estos eficaces pioneros (acebos, espinos albares, endrinos…) que invaden las praderas y dan paso a los grandes árboles cuando las condiciones lo permiten. La propia diseminación que realizan los pájaros y numerosos mamíferos permite una idónea expansión de esta especie, capaz de crear por sí misma pequeños bosquetes prácticamente infranqueables.

Si bien rara vez alcanza porte arbóreo y diámetros que permitan el uso de su madera, eran muy apreciados los bastones nudosos de endrino, hermosos, duros y resistentes, que se usaban tal cual o combando el mango en verde al calor de hornos u hogueras. En muchas regiones, el bastón de endrino era también báculo de brujas y vara de hechiceros, y un ramito de espino negro colocado en la ventana de una moza el día de San Juan, se consideraba en Cantabria una ofensa.

Con sus púas largas, duras y afiladas, crea el espino cierres de fincas muy eficaces y por todo el norte de la Península es sabido que las heridas que causan sus espinas se infectan con facilidad. En el País Vasco se decía que para que esto no suceda, hay que pedir perdón al arbusto que nos ha lastimado.

Su fama de árbol infausto se explicaba también por la creencia de que la corona de Cristo fue entrelazada con sus espinas. Por el contrario, el espino blanco se consideraba un árbol bendito y formaba parte de muchos rituales y ramos propiciatorios. Ahora bien, también tiene funciones benéficas. En un cuento inglés, un príncipe huye desesperado a todo galope llevando en la grupa a su amada, la hija de un gigante. Éste les persigue con tal saña que con su aliento les va quemando la espalda. Los fugitivos arrojan entonces tras ellos una púa de endrino y, al instante, nace todo un bosque de espinos de 20 millas de largo y tan espeso e intrincado que ni siquiera podría atravesarlo una comadreja. Los arbustos mágicos logran cerrar el paso al gigante enfurecido y libra a los fugitivos de su ira.

Encontramos con frecuencia en la tradición la ambivalencia del espino silvestre, que, por un lado, puede ser todo un símbolo de lo indómito y salvaje y, por otro, tener una función mágica protectora para ahuyentar maleficios.

De manera más práctica se han utilizado sus ramas cortadas y amontonadas para defender los árboles recién plantados o para cercar marismas y zonas peligrosas. Además, era muy apreciado como patrón sobre el que se injertaban ciruelos y otros frutales emparentados.

Licores y compotas
Los frutos del endrino son pequeñas ciruelas moradas que han servido para la alimentación humana desde tiempos remotos. Con ellos se prepara el famoso pacharán. La fórmula más sencilla y utilizada en Navarra es llenar un quinto de una botella de litro de aranes (endrinas) con anís dulce o seco. Se deja macerar durante seis o siete meses hasta que tome el color de las endrinas y a partir de ese momento, ya es posible consumirlo. Según gustos, puede hacerse también con orujo o aromatizarse con unos granos de café, manzanilla, nueces verdes… En todos los casos se usa como digestivo o por simple placer.

También existen numerosas recetas de compotas, mermeladas y otros licores a base de este fruto que casi siempre conviene recoger con la estación un poco avanzada con el fin de evitar su proverbial aspereza que, en crudo, hace llorar los ojos y rechinar los dientes. Pese a todo, sus propiedades y riqueza en vitaminas lo hacen muy recomendable. Con estos frutos y, sobre todo, con la corteza y mordientes distintos se preparan también tintes.

Por Ignacio Abella

URL: http://www.larevistaintegral.com/?p=4818

Escrito por Redacción el may 5 2010. Archivado bajo Cultura del bosque. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

1 Comentario por “Endrino: la madre del bosque”

  1. xoverin

    Creo que confundes el endrino, en algunas zonas llamado espino negro, con el espino albar.

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