Trabajar la tierra sin que repercuta en el cuerpo

Ciertas herramientas, como las horcas de doble mango, facilitan el trabajo.

Quizás uno de los sueños de todo horticultor sea realizar las tareas del huerto sin esfuerzos, sobre todo las más pesadas, como cavar, preparar los surcos o bancales para la siembra o realizar el trasplante de nuevos cultivos.

Tradicionalmente, estas actividades se hacían a fuerza de azada o con la ayuda de los animales de tiro y, más recientemente, de motocultores o tractores. Por suerte, hoy en día disponemos de las excelentes horcas de doble mango, herramientas que en los huertos pequeños facilitan las tareas de cavado y aireación de la tierra en profundidad, sustituyendo a las azadas, las cuales nos obligan a posturas de trabajo incómodas y nefastas para la espalda. De hecho, la mayoría de quienes nos hemos dedicado durante años a la agricultura, tenemos alguna secuela relacionada con problemas lumbares, por lo que disponer de herramientas que faciliten esas labores es una gran ventaja. Por otro lado, remover y airear la tierra sin voltearla es vital, ya que en la práctica de la agricultura ecológica se recomienda no enterrar en profundidad las capas fértiles más superficiales; es decir, no invertir los perfiles como sucede en el arado de vertedera, por lo que nos hallamos ante una herramienta muy recomendable.

Las horcas de doble mango son una evolución de la tradicional laya del País Vasco, aunque herramientas similares también se desarrollaron en Francia en los años 50 gracias al ingenio y la experiencia de un horticultor llamado Grellin, de ahí que en ese país se le llame comúnmente “grenillette”.

En uno de los primeros números de Integral aparecieron los planos de fabricación de una horca de doble mango para que los pudiera seguir y realizar un herrero, los cuales reproducimos en el libro El huerto familiar ecológico, aunque la experiencia práctica nos lleva a recomendar la elaborada en acero inoxidable por el taller familiar Ecoprac. Se trata de un modelo práctico y muy resistente, diseñado para facilitar el trabajo con el mínimo esfuerzo, dada su buena ergonomía y la gran ligereza respecto a las horcas de doble mango tradicionales con largos mangos de madera.

Con la espalda recta

El trabajo con la horca de doble mango se realiza erguido, sin apenas doblar la espalda y siempre con la columna vertebral recta. Empezamos en un extremo de la parcela y clavamos las púas en la tierra con la ayuda de un pie –o subiéndonos encima en las tierras más compactadas– y, a continuación, tiramos con ambas manos hacia atrás, flexionando ligeramente las piernas y la espalda. Después de comprobar que la tierra queda removida y aireada en un espacio de 10 a 15 centímetros, levantamos la horca y la clavamos unos 10 o 15 centímetros más atrás, caminando siempre en esa dirección a fin de no pisar lo labrado.

Si seguimos estas instrucciones, en menos de diez minutos habremos labrado un bancal básico de 1,20 metros de ancho por 4 o 6 metros de largo. Y, en el caso de que la tierra esté muy compactada y queden terrones, podemos deshacerlos luego con el rastrillo o la azada. El resultado es similar al que se obtiene con el motocultor, pero mucho más ecológico y con la ventaja de hacer un sano ejercicio.

Texto y foto: Mariano Bueno

Tags: , , ,

Deja un comentario