Qué hacer con los residuos orgánicos
Con la esperada directiva europea de biorresiduos se vislumbran nuevas oportunidades, pero también esfuerzos adicionales para que el contenedor de basura orgánica deje de ser el gran olvidado. Texto: Rafael Carrasco
El mayor fracaso de la política europea de residuos –el desperdicio de millones de toneladas de desechos orgánicos– está haciendo recapacitar a los políticos continentales sobre ese reciclaje sencillo y útil que, sin embargo, no genera grandes contratos.
Una potente coalición formada por organizaciones sociales de toda Europa y diferentes gobiernos de la Unión, el español incluido, está presionando a la Comisión Europea para que ésta redacte una directiva específica que fomente el aprovechamiento de los biorresiduos o residuos orgánicos. El objetivo es que lo que hoy es un problema ambiental y, en ocasiones, hasta de salud pública, genere riqueza y ayude a proteger los suelos de la erosión galopante que sufre el sur del continente. Y para ello es preciso proteger los modestos sectores que aprovechan esos residuos frente a los intereses de las incineradoras o los vertederos, que en la actualidad desperdician enormes cantidades de materia orgánica y apenas obtienen otra cosa que unos pocos kilovatios.
Los biorresiduos –residuos biodegradables del jardín, la cocina o la industria alimentaria– representan una tercera parte de los desechos urbanos, y en toda la Unión suponen cada año una montaña de 230 millones de toneladas. Una verdadera pesadilla para los gestores de basuras y un creciente coste para nuestro bolsillo, como demuestra la reciente e impopular subida en la tasa de basuras que decretó en 2009 el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón. Y, sin embargo, los restos orgánicos son los más fácilmente reciclables, tanto si se recogen por separado, como mezclados con otras fracciones no tóxicas de la basura. ¿Reciclables en qué? Fundamentalmente, en compost, un abono de calidad que podemos elaborar nosotros mismos en casa. Basta con depositar los desperdicios pudribles en un contenedor que se encuentra en ferreterías e hipermercados de bricolaje.
El compostador está abierto por abajo para permitir airear la materia en descomposición, aunque, por si acaso, conviene voltear el producto cada dos o tres días. El proceso es sencillo porque los microorganismos lo hacen casi todo y en unos 80 o 90 días tenemos un abono de calidad para nuestras plantas. Muchos ayuntamientos hacen lo mismo a gran escala para disponer de abono abundante en sus parques y jardines mediante estaciones de compostaje. En ellas, los camiones depositan los desechos en unas enormes tolvas a la entrada y unos operarios hacen una pequeña separación previa de sustancias contaminantes. El resto es todo natural.
Basura convertida en biogás
La basura orgánica produce el gas más barato y ecológico que existe: el biogás. Se trata de una mezcla de gases originada por la degradación de la materia orgánica compuesta por metano, un 60% aproximadamente, y CO2, un 40%. Es, por tanto, un potente gas de efecto invernadero, además de maloliente, pero también un combustible parecido al gas natural y con los mismos usos de éste: como calor doméstico y como combustible de centrales termoeléctricas e industrias.
En este momento se encuentran en operación o en construcción 12 plantas eléctricas en España que queman el biogás extraído mediante pozos excavados en las montañas de desperdicios. La de Pinto, en Madrid, además de generar electricidad y vapor para uso interno, exporta energía a la red eléctrica y genera luz para 40.000 hogares.
El hecho de que el uso del biogás se haya decantado hacia la producción de electricidad más que a la de calor doméstico o industrial a pesar de tener las mismas aplicaciones que el gas natural se debe a la incomparable extensión de la red eléctrica frente a la limitada red de gas. Eso hace que en España prácticamente todo el gas recuperado se convierta en electricidad, mientras que en países más avanzados en esta tecnología, como Alemania, Finlandia u Holanda, una parte importante se vierte a la red doméstica de gas natural. De la rentabilidad del proceso da idea el dato de que el pequeño país neerlandés explota actualmente grandes cantidades de biogás a pesar de ser uno de los principales productores mundiales de gas natural, y con mayores reservas.
Por si faltaran argumentos para potenciar el compostaje de desechos, resulta que esta opción es, con diferencia, la forma más barata de reciclaje. Es muchísimo más económica que las instalaciones para tratar envases o vidrio y, dada la necesidad de abono de calidad de los suelos españoles, tiene también más salida comercial.
Si existen tan apabullantes razones, ¿cómo es que no más del 10% de nuestra basura doméstica acaba siendo abono? En los últimos años, con la directiva europea de Vertederos y la de Marco de Residuos, lo único que se ha conseguido es desviar una parte creciente de los desechos que se depositaban en basureros hacia la incineración. El problema es que las plantas incineradoras, a pesar de ser una tecnología cara e impopular en casi toda Europa, tiene detrás a las grandes empresas gestoras de desechos, que en España dependen en su mayoría de grandes constructoras. Por esa razón, la Comisión Europea, siempre atenta a los intereses de los grandes negocios, se resiste a aceptar una regulación específica sobre biorresiduos que no favorecerá a esos potentes sectores. Cuenta con el apoyo de los países del centro y norte de Europa. Por el contrario, los del sur y el este de la UE exigen insistentemente esa norma para aliviar sus atestados vertederos. “Esperamos –explica Leticia Baselga, experta en residuos de Ecologistas en Acción– que durante la presidencia española de la UE en el primer semestre de 2010, seguida por la de Bélgica, que también apoya la directiva, en el segundo semestre, dé tiempo a convencer a la Comisión.”
De momento, el Comité de las Regiones del Parlamento Europeo ha aprobado una resolución apoyando una Directiva de Biorresiudos revolucionaria. Entre otras medidas, propone:
- Limitar y penalizar la producción de desechos orgánicos mediante tasas crecientes cuanta más basura se produzca.
- Apoyar la jardinería ecológica y el compostaje casero facilitando la compra del material necesario.
- Que los macroplanes de infraestructura comunitarios o nacionales se destinen a levantar plantas de compostaje en miles de pueblos y ciudades o a crear circuitos de recogida selectiva.
- Fijar estándares y revisiones que garanticen la calidad del abono.
Este último punto es clave para que los consumidores empecemos a comprar este abono sin temor a que contenga contaminantes dañinos para nuestras plantas y cultivos; es decir, toxinas procedentes del resto de la basura con la que se mezcla la fracción orgánica. Porque, aunque la normativa actual permite la recogida separada de desechos compostables, lo normal en España es que tengamos un contenedor para todo aquello que no son envases ni papel.
Buen ejemplo de esto lo encontramos en el mercado madrileño de Ventas, el más grande de Madrid, con tres plantas dedicadas a la alimentación convencional y dos de productos ecológicos. “En todo el mercado –explica Juan José Viedma, director de Ventas Ecológicas– se recogen los restos de comida o productos no vendidos en unos contenedores especiales de materia orgánica. Allí se echa fruta, verdura y todo lo que sobra, luego vienen unos remolques y se lo llevan. Funciona muy bien y, de hecho, el sistema tiene un premio europeo de recogida selectiva.”
Eso mismo, a gran escala, es lo que han experimentado con éxito 3.496 familias de Aretxabaleta, Azpeitia, Azkoitia, Zarautz, Zumaia y el barrio donostiarra de Amara. El programa piloto ha consistido en una recogida selectiva de vegetales crudos en el denominado “quinto contenedor” o “contenedor marrón” con destino a la planta de compostaje de Azpeitia, y ya ha evitado el depósito inútil y contaminante de más de mil toneladas de residuos orgánicos en los vertederos de esta provincia. En su lugar, se han producido unas 600 toneladas de abono de inmejorable calidad.
A partir de este año, cualquier ayuntamiento o mancomunidad de Guipúzcoa puede sumarse a esta recogida selectiva firmando un convenio con el Departamento de Desarrollo Sostenible de la Diputación Foral. Según el presidente del Consorcio de Residuos de Guipúzcoa, Carlos Ormazabal, la pureza del compost supera el 99%; es decir, prácticamente han desaparecido los elementos extraños en los contenedores.
Mario Sepi es el presidente del Comité Económico y Social Europeo (CESE), otra institución de peso que pide sin ambages un cambio en la gestión de las basuras a favor del compostaje. “El método de recogida que precede al tratamiento biológico –explica Sepi– reviste una gran importancia. Se puede proceder por recogida selectiva en origen o por recogida de residuos mezclados, seguida de una selección en plantas de tratamiento, pero conviene destacar aquí que la calidad de los productos que entran en la fabricación del compost tiene un fuerte impacto en la calidad del producto final.” Además del contenedor marrón, el CESE pide que esa nueva política incluya campañas sobre prevención de residuos alimentarios –muchas personas desconocen la sencillez de las compostadoras– o el uso de bolsas de recogida biodegradables.
También serían necesarias según este comité medidas más estrictas de separación de los residuos peligrosos en los hogares, la incentivación de las recogidas selectivas de biorresiduos para los mayores productores –como fábricas alimentarias– y penalizar económicamente el depósito de biorresiduos, sobre todo si van destinados al vertedero o a la incineradora. Esto último puede resultar impopular, pero en Francia, por ejemplo, el aumento del impuesto va acompañado de una redistribución de lo recaudado hacia los tratamientos biológicos, lo que convence cada vez más a los ediles galos de instalar plantas compostadoras en sus municipios.
“La UE –reconoce Stavros Dimas, Comisario europeo de Medio Ambiente– debe convertirse en una sociedad del reciclado más eficiente en términos de recursos, y los biorresiduos ofrecen grandes oportunidades a este respecto (…) Una vez que nuestros recursos pasen a ser residuos, tenemos que encontrar la manera de reciclarlos y transformarlos nuevamente en recursos útiles.”
Los sectores económicos sostenibles también apoyan el compostaje. Hace un año, la Asociación de Productores de Energías Renovables (APPA) y la Asociación de Empresas para el Desimpacto Ambiental de los Purines (ADAP) crearon la Unión por el Biogás, una plataforma para impulsar la instalación de plantas que extraen gas combustible de los desechos orgánicos con el fin de quemarlo y producir calor y electricidad. La intención es presionar al Ministerio de Industria para que reconozca esta tecnología como una renovable más y aumente la retribución que paga la red eléctrica al kilovatio procedente de estas plantas que queman el biogás extraído a los excrementos y otros desechos ganaderos.
Actualmente, esta retribución es de 23 céntimos de euro por kilovatio para plantas menores de 500 kilovatios, lo que apenas cubre los costes de inversión de las dos plantas: la de extracción de biogás y la de cogeneración de electricidad y calor. Sin embargo, el biogás no sólo produce una electricidad renovable y limpia, ya que es un compuesto de bajas emisiones, sino que, al mismo tiempo, evita la emisión de un gas de efecto invernadero tan potente como el metano y reduce el problema de los excrementos animales. No hay que olvidar que éstos contaminan hoy los suelos, las aguas superficiales y los acuíferos de amplias zonas ganaderas, como Lleida, Teruel, Segovia, Toledo, Huelva o las dos provincias extremeñas. “Por si fuera poco –explica Jorge Tinas, presidente de ADAP–, esta clase de plantas genera inversión y empleo en zonas rurales, por lo que es una oportunidad que este país no puede desaprovechar. Pero hace falta algún tipo de apoyo público.” n
Los biocarburantes de segunda generación ya se obtienen a a partir de residuos orgánicos.
Hace seis años, la empresa valenciana Imecal se asoció con el Centro de Investigaciones Energéticas (CIEMAT), Ford-España y equipos de varias universidades españolas para obtener bioetanol destinado a la automoción mediante fermentación de la celulosa y los azúcares libres presentes en la basura orgánica.
El proyecto ha permitido a la investigación española disponer de uno de los biocarburantes residuales o de segunda generación más avanzados del mundo. “Con 500 toneladas diarias de fracción orgánica de los residuos urbanos, podemos obtener 18 millones de litros de etanol al año”, afirma Vicente Signes, director del proyecto.
La planta de demostración se encuentra en Alcudia y, por ahora, ya se ha conseguido etanol con un alto grado de pureza. En la parte final, Ford probará el carburante refinado en los modelos flexibles (gasolina-etanol) que desde hace años fabrica en su planta de Almussafes, cerca de Alcudia, para darle los últimos retoques al nuevo carburante.
El proyecto ha resultado tan esperanzador que casi con los mismos actores se ha creado un nuevo programa, denominado “Atenea”, para producir etanol a partir de las cáscaras de cítricos que le sobran –más de 600.000 toneladas al año– a las compañías productoras de zumo y conservas. Esta investigación tiene un presupuesto inicial de 600.000 euros, que se ampliará según vaya produciendo resultados, aunque hay que tener en cuenta que el 80% de la futura planta piloto de producción será común con la planta del proyecto Perseo. Se calcula que podrían producirse entre 75 y 80 litros de bioetanol por tonelada de residuos cítricos.
“El proyecto –explica Mercedes Ballesteros, coordinadora de la Unidad de Biomasa del CIEMAT– tenía tres etapas: el primer año, el CIEMAT estudió en laboratorio si podíamos obtener etanol de los residuos; el segundo, se construyó la planta y ahora estamos empezando la tercera fase, en la que Ford utiliza en sus motores este producto.”
Una empresa de EE UU asegura que obtiene crudo a partir de carcasas de pavo y otros biodesechos.
La empresa estadounidense Changing World Technologies (CWT) asegura que dispone de una técnica que permite convertir todo tipo de desechos orgánicos en petróleo. Su tecnología será capaz de producir 600 barriles de crudo y 20 toneladas de gas utilizando 200 toneladas de carcasas de pavo. Mediante un proceso de elevadas presiones y temperaturas entre 250 y 500 grados centígrados denominado “despolimerización térmica” y en apenas dos horas, la materia orgánica se transforma en petróleo, algo que a la naturaleza le lleva millones de años.
La empresa asegura que no sólo se podrán transformar en petróleo residuos orgánicos, sino también plásticos, neumáticos y ordenadores viejos. Es más, según han anunciado, el propósito de CWT es introducirse en la producción y distribución de petróleo.
Ahora bien, lo que no evita esta tecnología que parece ciencia-ficción es la emisión de gases de efecto invernadero, una de las reválidas de la Administración Obama.
Aprovechar los residuos de la oliva son fuente de riqueza
Dos plantas eléctricas de Córdoba utilizan como combustible los alperujos del sector aceitero
Uno de los grandes problemas ambientales de las regiones aceiteras en Andalucía son sus subproductos, concretamente, el orujo y los alpechines, que son hoy el principal contaminante de sus escasos cursos de agua.
La empresa oleícola El Tejar, constituida por las principales cooperativas aceiteras andaluzas para gestionar los residuos de la oliva desengrasada, ha construido dos plantas eléctricas en Palenciana (Córdoba) que usan en su combustión una mezcla maloliente de orujo y alpechín denominada “alperujo”. Las dos incorporan tecnología de combustión en lecho fluido que cogenera vapor y electricidad, al tiempo que reduce las emisiones de cualquier planta termoeléctrica.
En esa línea, un equipo de investigadores del CSIC ha descubierto que aplicar residuos de alperujo a suelos contaminados con tricloroetileno reduce de forma sensible la presencia de este último contaminante. “El alperujo previamente tratado por vermicompostaje -explica Emilio Benítez, de la Estación Experimental del Zaidín (centro del CSIC en Granada)– reduce en un mes el 30% del contaminante [tricoloretileno], evitando que pase a las capas más profundas del suelo.”



Sumario n.369