Lombrices amigas
Desde el pasado otoño, hay un cambio en mi casa: he dado cobijo a unas doscientas nuevas vecinas en un rincón de la terraza. Allí, apelotonadas y a resguardo de la luz, mis simbióticas amigas pasan el día comiendo con glotonería. Es cierto que ha habido muchas bajas a causa de las gélidas temperaturas del invierno, pero las que han sobrevivido empiezan a darnos el regalo de ver cómo van desapareciendo poco a poco los restos orgánicos de nuestra cocina.
Obviamente, hablo de lombrices rojas o de California (Eisenia foetida), una excelente aliada para convertir los residuos orgánicos en compost de calidad en una casa urbana. Las lombrices, largas y rojizas, comen los restos de nuestros alimentos vegetales, que en su aparato digestivo se convierten en un producto excelente para fertilizar la tierra gracias a su alto contenido en nitrógeno.
Mis amigas están ahora saliendo del letargo invernal y producen poco, pero sabemos que en poco tiempo, si las cuidamos, se multiplicarán y nos ayudarán a reciclar casi un kilo de restos orgánicos diarios.
Las invité a compartir mi casa visto el fracaso de la primera campaña de recogida de biorresiduos en nuestra ciudad, donde se habilitó un pequeño espacio de los contenedores habituales para que los ciudadanos depositáramos allí esa parte de la basura fermentable. Por desgracia, la campaña informativa fue insuficiente y en ese lugar la gente tiraba de todo. Y eso, a pesar de que en la composición de nuestros cubos de basura alrededor del 44 % son restos fermentables fácilmente reciclables en abono natural.
Ahora, en nuestra ciudad, se han instalado contenedores especiales, pero sigue fallando la campaña informativa, que es insuficiente, poco incisiva y nada clara.
A la espera de una directiva europea que regule el reciclaje orgánico, hemos querido sondear cuál es la situación en nuestro país y si los ayuntamientos son sensibles al grave problema de los biorresiduos. Nuestro reportaje “Qué hacer con los residuos orgánicos” (página 32) es un acercamiento a cómo se está afrontando este tema.
Consumimos con los ojos cerrados y, cuando bajamos la basura, tenemos la ilusión de que los desechos de ese consumo desaparecen como por arte de magia en cuanto lanzamos la bolsa al contenedor. Sin embargo, si los residuos no se reciclan, van a parar a los muy contaminantes vertederos y, cuando éstos están ya saturados, las autoridades se plantean entonces la puesta en marcha de nuevas incineradoras, peligrosas para la salud y generadoras de cambio climático. Una incineradora lanza al aire que respiramos tóxicos tan temibles como dioxinas y furanos, además de metales como mercurio, plomo o cadmio, entre otros tóxicos.
Si queremos llegar a la necesaria utopía de residuos cero, habrá que comenzar ya a consumir de otra forma y a exigir una recogida selectiva de todos aquellos materiales que, con voluntad, son perfectamente reciclables.
Mientras las iniciativas en este sentido se suceden lentamente, en mi casa damos de comer a nuestras amigas lombrices, y ante nuestros ojos, vemos efectivo el continuo y limpio ciclo de la vida.
Montse Cano
Directora de Integral
URL: http://www.larevistaintegral.com/?p=5441













Buenos días Montse,
Me puedes informar dónde puedo conseguir estas lombrices?
Muchas gracias,
Katty
Buenos días Montse,
Me parece muy interesante que recicles la materia orgánica en tu casa. Sólo quería hacerte una putualización. Las especies más utilizadas, con mucha diferencia son Eisenia foetida y Eisenia andrei.Su nombre común es lombriz roja, pero no es de California, sino de Europa y Asia. Hay mucho mal entendiod al respecto. Hasta hace relativamente poco tiempo no se las diferenciaba y se les atribuía a ambas especies el nombre de E. foetida. Ahora se sabe que E. andrei es más habitual, aunque pueden coexistir. Es importante destacar que son autóctonas en Europa, porque mucha gento no las quiere utilizar por no difundir una especie exótica, cuando en realida es autóctona. Realmente puede haber producido desplazamiento de especies autóctonas en otras partes del mundo, dado que está instalada en todo el continente americano, Oceanía e incluso África.