La bioconsciencia

La consciencia y la no-consciencia para un estado normal del cuerpo y el espíritu. Siglo XXI en Occidente Por el maestro zen Monto de Patso (Montaña de Paz). Dirige el Templo de la Senfina Patso en Lasseube.Traducción de Miguel Labodia

¿Somos numerosos entre nosotros, homo-sapiens, los que estamos satisfechos de la evolución de nuestra humanidad, de la Humanidad?
Desde luego, un gran número se beneficia a diario de facilidades materiales y prácticas para aligerar las tareas que antes eran difíciles y largas de realizar. ¿Se ha utilizado este aligeramiento para crear más solidaridad, más fraternidad, más consciencia; para construir una existencia respetuosa con las demás formas de vida sobre la Tierra? Pocos van a responder que “sí”. La mayoría de nosotros dejamos para mañana nuestras buenas intenciones, arrepintiéndonos, acumulando diariamente estos remordimientos, remordimientos que se transforman en trabas para la salud, para el equilibrio psicosomático y para la evolución espiritual. En resumen, remordimientos que nos hacen responder negativamente a la primera cuestión planteada.

¿ Y qué hacer? ¿Y cómo hacerlo?
Este modesto artículo, redactado como respuesta a la demanda de una persona sensible, desea aportar algo de ayuda, un poco de luz y de calor a sus semejantes, unas pistas para la reflexión y para la acción.

A menudo nos encontramos perdidos en situaciones de egoísmo y a veces de violencia. Hace varias decenas de siglos que el hombre existe. A menudo estas cuestiones ya han sido planteadas. Algunos seres han experimentado soluciones, las han transmitido. Otros las han recibido y sólo se han quedado con los sonidos de las palabras… y siempre han realizado actos contrarios al sentido común de las palabras. Muchos de nosotros hemos constatado esto, y hemos producido esto mismo. Por ello, ¿qué ocurre cuando las generaciones se suceden, los consejos no son aplicados y las promesas no son mantenidas?

Algunos irán hacia el egoísmo y la violencia, otros se refugiarán en un “lugar protegido”, otros dedicarán su energía a hacer evolucionar algún aspecto social o político; otros tratarán de seguir los consejos, de probar las soluciones ya experimentadas; otros sufrirán; otros…

La tecnología recorta cada vez más la distancia entre el pensamiento y la acción…cada vez más virtual. Los métodos de producción aceleran las acciones emprendidas. Atrapado en este torbellino temporal, a menudo condicionado por su interior, cada uno de nosotros tiene menos y menos posibilidades de tomar distancia a su vida, a los acontecimientos. Cada uno de nosotros está cada vez más y más alejado de los actos simples, de los momentos de reflexión, de los silencios durante los cuales un insecto nos recuerda que el Hombre comparte su existencia con otros seres. Cada vez más separado de sus vínculos naturales con el resto de la Naturaleza, incluidos la familia próxima, los amigos, de forma que así los niños portan armas en la escuela y los profesores se protegen con pistolas en clase.

¿En qué se convierte entonces la Humanidad?
Sabemos que una sonrisa engendra otra sonrisa. La compasión calma a los seres más fogosos, agresivos y sufrientes. En el pasado se utilizaban expresiones como “tener los pies en la tierra, llevar una cosa en la sangre, estar en las nubes, etc” y otras (1).
Estas son expresiones que ponen de manifiesto una relación entre la Tierra, el cuerpo y el comportamiento. Ser justo generaba la confianza de los demás: “No es retorcido”. “Demasiado rígido”, se decía, “más tieso que un ajo”. Esto significaba que la persona tenía poca compasión y generosidad.
Por lo tanto, las personas de esa generación conocían, quizás no en sus fundamentos, la relación que existe entre la estabilidad del cuerpo con los pies bien apoyados en el suelo y un espíritu tranquilo y pragmático.
Nuestras generaciones han olvidado toda esta dimensión físio-sicológica, esta relación entre la Tierra, el cuerpo y el comportamiento. Huyen, de forma consciente o inconsciente, de ciertas realidades, evadiéndose por y en lo virtual.

¿Y si pusieramos en el otro platillo de la balanza una educación complementaria destinada a equilibrar nuestro ser y la vida sobre la Tierra?
Visto que el homo-sapiens es la especie animal más depredadora de todos los tiempos, ¿y si pusieramos en marcha una evolución de la bio-consciencia?
Conectemos con nuestra vida fisiológica. Gobernemos nuestro cuerpo. Seamos conscientes y gestionemos nuestras producciones mentales con el fin de evitar estos comportamientos que generan sufrimientos y remordimientos. Así, derivará en menos egoísmo, menos sufrimiento y más compasión.

Reencontremos nuestro vínculo con la Tierra, con la fuerza de la gravedad, con nuestra interdependencia con todas las demás formas de vida, seamos conscientes de la impermanencia de todo. Construyamos una vida fuerte y plena. Una vida en la que nuestra consciencia y nuestro saber serán aliados de nuestra bio-consciencia. Este tipo de consciencia, hoy adormecida, no pide más que ser despertada. Esta nueva construcción del homo-sapiens se puede realizar en cada uno de nosotros, pues todos poseemos la capacidad. Producirá otras formas de comportamiento, otras relaciones, otras personas que evolucionarán en el sentido de la fraternidad, de la participación activa y positiva en el gran baile de esta vida sobre la Tierra.

Esta dinámica conducirá a los seres, ahora más completos, hacia otros niveles de consciencia, otras experiencias que desembocarán en la Felicidad y en el cese de los sufrimientos, en la compasión natural.

Los adultos tendrán gestos, palabras y comportamientos coherentes; los niños seguirán el ejemplo, crecerán en la ausencia de armas y los profesores no harán más que transmitir esto, enseñarán a desarrollarse y a convertirse en seres autónomos…sin pistolas…

Incluso si hace falta mucho tiempo para construir nuestro “HOMO SAPIENS BIO”, ¿cuándo debemos empezar?
¿Continuamos con nuestra vida actual, siendo los actores y víctimas de lo que pasa?…¿o actuamos?
Alrededor de vosotros deberíais encontrar personas capaces de ayudaros en esta nueva aventura hacia la Humanidad.

(1) N. del T. En el original en francés aparecen frases hechas que mencionan explicitamente la Naturaleza, partes del cuerpo y tipos de comportamiento…”avoir les reins souples et solides”, “ne pas manquer d’air”, “savoir poser les genoux au sol”.

URL: http://www.larevistaintegral.com/?p=962

Escrito por Redacción el ene 29 2009. Archivado bajo Escribe el Lector. Puedes seguir las respuestas de esta entrada por RSS 2.0. Puedes ir al final y dejar una respuesta. Pinging no esta permitido

1 Comentario por “La bioconsciencia”

  1. rafael fosch

    Sé que es un artículo que apareció hace ahora unos meses y no había parado en él mi atención. Es un buen artículo, muy buen artículo. Me ha encantado ese nombrar del reencuentro con la Tierra, con la fuerza de la gravedad,con la interdependencia entre especies..y me he parado en este parra-
    fo: reencontrarnos con la fuerza de la gravedad. Hace ahora un año me di cuenta en meditación del
    significado inconsciente del peso de la gravedad para con el ser humano: Estamos abocados hacia el centro de la Tierra de forma inconsciente.Por ello nuestra vida se centra en nosotros mismos como cosa importante, en lo que hacemos, pensamos, decimos, sentimos… puro egoísmo!. Lo que plantea el artículo es que sepamos ir más allá, siendo conscientes de nuestra dependencia incons- ciente que nos mantiene atados a la fuerza de gravedad, para reencontrarnos con ella de forma que
    en la significación misma de lo que representa y ha representado para la Vida en este Planeta, sepa
    mos independizarnos y descentralizarnos de nosotros mismos,en cuanto al yo como cosa importan-
    te y descubramos nuestra interrelación intrínseca y extrínseca con la Naturaleza y el Cosmos.

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